Las enseñanzas de la Iglesia,
y los no-católicos
(50) ¿Por
qué se han de imponer a una mujer que no es católica
los principios morales y religiosos enseñados por la
Iglesia? ¿Acaso no tiene derecho a elegir lo que es mejor
para ella en un tema absolutamente privado?
No se trata de imponer a no católicos principios morales
y religiosos enseñados por la Iglesia. Simplemente, es
un principio de derecho natural -no matar- que obviamente integra
la doctrina católica. ¿O acaso se pretende invocar
la libertad de opinión como pretexto para atentar contra
los derechos de los demás, muy especialmente contra el
derecho a la vida (1)
Además, el argumento parte de una premisa errónea:
una decisión es privada e íntima en la medida
en que se refiere tan sólo a los intereses de quien la
adopta.
Sin embargo, cuando esa decisión implica intereses
de otros y derechos de terceros, ya no puede ser considerada
privada, al contrario, pasa a ser representativa o delegada.
Ahora bien, nadie puede delegar a otro el derecho a decidir
sobre la propia vida, porque la vida no es un bien delegable,
sino vivido.
Los legítimos derechos de una mujer sobre su propio
cuerpo terminan donde – en el caso del no nacido- comienza
el cuerpo de otro.
Nadie, alegando privacidad, puede traspasar esos límites
y lesionar derechos de terceros. Eso sería extender los
límites de la privacidad a costa de tales derechos.
Así como sería absurdo aprobar el abuso de los
niños por los padres, aduciendo que se trata de materia
privada, es absurdo decir que una mujer puede decidir con su
médico si su hijo debe vivir o morir.
Destruir un ser humano vivo en nombre del "derecho a
la privacidad", es destruir el fundamento de la razón
de ser de la privacidad.
Esto no es ejercitar el "derecho a la privacidad",
sino ¡un hecho grosero y consumado de absolutismo privado!
Por lo tanto, el gobierno debe intervenir para proteger el derecho
a la vida del feto amenazado por la decisión unilateral
de una de las partes: su madre.
(51) ¿Por
qué al legislar en una materia en la cual están
concernidos todos los habitantes de una nación será
necesario tomar en consideración lo que enseña
la Iglesia sobre el aborto?
El derecho a la vida, como todos los derechos fundamentales
del hombre, se asienta en el carácter universal y trascendente
de la naturaleza humana y por ello es anterior y superior a
toda ordenación jurídica positiva.
Es decir: "No es el reconocimiento por parte de otros
lo que constituye este derecho; exige ser reconocido y es absolutamente
injusto rechazarlo". (2)
En consecuencia, si el Estado legaliza el derecho de algunos
a solicitar o practicar el aborto, actuaría de forma
arbitraria, faltaría a un deber y se arrogaría
un poder que no le pertenece, socavando las bases jurídicas
de la Nación
Por otra parte, es necesario comprender la gravedad que conlleva
legislar al margen de la ley natural y divina, ignorando la
autoridad de la Iglesia Católica en estas materias.
El conocido pensador católico brasileño, Plinio
Corrêa de Oliveira, así lo explicó en una
entrevista periodística cuando en su país se encendió
la polémica del aborto:
"La Iglesia Católica fue instituida por Nuestro
Señor Jesucristo como maestra de la moral. Excluirla
de cualquier asunto de naturaleza moral es excluir al mismo
Jesucristo, lo que desgraciadamente no es raro que ocurra en
los medios de comunicación de nuestros días. (...)
"El derecho de la Iglesia a ser oída no le viene
de la mayoría sino de la autoridad del mismo Jesucristo,
el cuál fue igualmente Maestro cuando la multitud lo
glorificaba cantando: '¡Hosanna al Hijo de David!', como
cuando vociferaban: '¡Crucifícalo!'.
"Negarle al Divino Maestro ese derecho, es obviamente mucho
más censurable en un país católico en el
cual la inmensa mayoría dispone de medios, inclusive
pacíficos y enteramente legales, para conseguir que Su
voz nunca sea rechazada u omitida. (...)
"¡Cada aborto constituye un asesinato!.(...)
"En la medida en que la impunidad legal permita que en
Brasil el aborto se introduzca en nuestras costumbres, el número
de asesinatos se multiplicará indefinidamente.
"Todo esto hace correr un río de pecados que gritan
y claman al cielo por venganza. Esta enérgica expresión
la encontramos hasta en los Catecismos.
"¿Puede haber algo más terrible para un país?
"En el plano social, los efectos del aborto son claros.
Por una parte, la ausencia de frutos en las llamadas 'uniones
libres' sólo contribuyen a multiplicarlas. Por otra parte,
el aborto debilita los vínculos del matrimonio. En efecto,
cuanto más numerosos son los hijos, tanto más
se robustecen los vínculos afectivos y morales entre
los padres.
"Todo esto constituye un factor más que debilita
al matrimonio y a la familia, y, por tanto, a toda la sociedad
brasileña" (3)
Ya el Beato Pío IX había enseñado en el
mismo sentido que:
"Cuando en la sociedad civil es desterrada la religión
y aún repudiada la doctrina y autoridad de la misma revelación,
también se obscurece y aún se pierde la verdadera
idea de la justicia y del derecho, en cuyo lugar triunfan la
fuerza y la violencia".
Y deja en claro que:
"Una sociedad, substraída a las leyes de la religión
y de la verdadera justicia, no puede tener otro ideal que acumular
riquezas, ni seguir más ley, en todos sus actos, que
un insaciable deseo de satisfacer la indómita concupiscencia
del espíritu sirviendo tan sólo a sus propios
placeres e intereses".(4)
(52) Si vivimos en un país
democrático y pluralista, ¿no es arbitrario imponer
el modo de actuar de los católicos a toda la población?
Quien plantea esta pregunta no puede olvidar, en primer lugar,
que vivimos en la Argentina, nación cuyo Gobierno federal,
por obligación constitucional, "sostiene el
culto católico apostólico romano" (Art.
2º).
Por lo tanto, debe esperarse que los gobernantes y los legisladores
respeten los principios católicos aceptados por la mayoría
de la población.
Si no actuaran así, estarían imponiendo precisamente
a la mayoría los puntos de vista de la minoría.
Al final de cuentas, nadie puede pretender, so pena de aceptar
la dictadura de las minorías, que sean los pequeños
pero muy organizados grupos abortistas quienes, autoritariamente,
dicten las normas legales para todos.
En la Encíclica "Veritatis Splendor", Juan
Pablo II vuelve a recordar que la ley natural es universal y
obliga a todos los hombres:
"...La ley natural implica universalidad. En cuanto
inscrita en la naturaleza racional de la persona, se impone
a todo ser dotado de razón y que vive en la historia.
...Pero, en la medida en que expresa la dignidad de la persona
humana y pone la base de sus derechos y deberes fundamentales,
la ley natural es universal en sus preceptos, y su autoridad
se extiende a todos los hombres. (...)
"Los preceptos negativos de la ley natural son universalmente
válidos: obligan a todos y a cada uno, siempre y en cualquier
circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vetan
una determinada acción SEMPER ET PRO SEMPER, sin excepciones,
porque la elección del comportamiento nunca es compatible
con la bondad de la persona que actúa, con su vocación
a la vida con Dios y con su comunión con el prójimo."
(5)
(53) ¿La
Iglesia no debería admitir al menos la despenalización
del aborto en algunos casos?
Una vez demostrado el carácter criminal del aborto,
cualquier norma sobre el mismo "exige ante todo que la
ley lo reconozca como delito; lo que comporta, también
por razones educativas, la previsión de penas para quien
lo comete o de cualquier modo ayuda a cometerlo." (6)
Eliminar las sanciones fácilmente debilita o termina
apagando por completo en la conciencia pública la idea
de que el aborto es un crimen contra la vida humana.
Por eso mismo, la despenalización del aborto será
tomada por muchos como una autorización para practicarlo,
cuando en realidad habría significado una renuncia a
castigarlo. Tanto más que en este caso dicha renuncia
parece insinuar que el legislador ya no considera al aborto
como un crimen, una vez que en todos los países el homicidio
sigue siendo gravemente castigado. (7)
En realidad, si el Estado renuncia a su obligación
de defender la vida desde su inicio, tampoco la defenderá
en su desarrollo y tarde o temprano terminará despenalizando
o directamente legalizando el infanticidio y la eutanasia.
"Si cae bajo el poder del Estado no castigar éste
'mal' del aborto, podrá también, 'por razones
convenientes' no castigar esos otros crímenes. Siguiendo
la misma lógica y con el poder que posee, un día
podría 'no castigar' el asesinato de vidas que son consideradas
defectuosas o sin valor, se podría matar niños
deformes, ancianos, enfermos incurables o seres no productivos
... De este modo se llegaría a poner la vida humana a
merced del Estado." (8)
(54) Si
se aprobara el aborto, ¿los católicos no deberían
aceptarlo una vez que en el Evangelio Jesús nos enseña
dar "al César lo que es del César"?
De ninguna manera, pues cuando una ley declara legitimo un
acto contrario al derecho natural y divino esa sola oposición
basta para que "una ley no sea ya ley".
Por lo tanto, nunca un católico está obligado
a obedecer una ley que autorice el aborto pues la misma es "intrínsecamente
inmoral".
Tampoco pueden los católicos favorecer la aprobación
de esa ley, colaborar en su aplicación, ni ser obligados
a ejecutar un aborto.(9)
Si bien es verdad que Nuestro Señor Jesucristo dijo:
"Dad al César lo que es del César",
también enseñó que debemos "obedecer
a Dios antes que a los hombres".
Es lo que recuerda su Santidad Juan Pablo II en la Encíclica
"Evangelium Vitae", cuando citando a Santo Tomás
de Aquino afirma:
"Toda ley elaborada por los hombres tiene razón
de ley en cuanto deriva de la ley natural. Por el contrario,
si contradice en cualquier cosa a la ley natural, entonces no
será ley, sino corrupción de la ley."
(10)
Notas:
1 Cfr. "El Aborto
provocado", "Declaración...", op. cit.,
p. 32.
2 Idem., ibidem, p.
38.
3Cfr, Plinio Corrêa
de Oliveira, entrevista concedida a "Edicao Mineira",
Belo Horizonte, Brasil, nº 45, 5-1-83.
4 Cfr. Beato Pio IX,
Encíclica "Quanta Cura", 8-12-1864.
5 Cfr. Juan Pablo
II, Encíclica "Veritatis Splendor", nº
51, 52, Ed. San Pablo, Bs. As., 1993, pp. 80, 81 y 82.
6 Cfr "El Aborto
provocado", op. cit. "Aborto y Ley del Aborto",
Episcopado italiano, nº 16, p. 57.
7 Cfr. "El Aborto
provocado", op. cit., "Declaración...",
nº 21, p. 44.
8 Cfr. "El Aborto
provocado", op. cit., Episcopado mejicano, "No se
destruya lo que Dios ha creado", pp. 129-130.
9 Cfr. "El Aborto
provocado", op. cit., Introducción del Cardenal
Joseph Ratzinger, Prefecto para la Congregación de la
Doctrina de la Fe, p. 21.
10 Cfr. "Evangelium
Vitae", op. cit., nº 72.
|