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Las enseñanzas de la Iglesia Católica
sobre el aborto

En la búsqueda de las raíces más profundas de la lucha entre la ´cultura de la vida´ y la ´cultura de la muerte' es necesario llegar al centro del drama vivido por el hombre contemporáneo: el eclipse del sentido de Dios y del hombre (...) perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida” (1)

Ofuscados por informaciones y opiniones contradictorias, no pocos católicos están asaltados por múltiples dudas acerca de las enseñanzas y aplicaciones concretas del Magisterio tradicional de la Iglesia sobre el aborto.

En esas condiciones, encontrarán dificultades para cumplir, adecuadamente, el ineludible deber de defender con eficacia la vida inocente del no nacido, bajo constante amenaza en la sociedad contemporánea.

De ahí la importancia fundamental de conocer con toda exactitud y en profundidad la doctrina católica sobre el tema, así como la respuesta precisa a las objeciones repetidas por los abortistas.

Al respecto conviene recordar que: "No es lícito, en estos tiempos, tener 'una cierta opinión'; o decantar las propias ideas en determinada dirección 'por intuición'; y mucho menos por conveniencia personal. Es necesario estudiar, leer, profundizar en el tema. La vida no es un juego o una circunstancia fortuita: ni la de cada uno de nosotros, ni la de esos futuros niños que aún no han visto la luz" (2)

(43) ¿Cuál es el pensamiento de la Iglesia Católica sobre el aborto?
Unánimente, a lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus Pastores y sus Doctores, han condenado el aborto al que calificaron de homicidio.

Como explica la Congregación para la Doctrina de la Fe en el ya citado libro "El Aborto Provocado": "La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo, como en las diversas etapas de su desarrollo", oponiéndose de esa forma "a las costumbres del mundo greco-romano".(3)

Los más antiguos documentos de la Iglesia denunciaron al aborto con severísimas palabras por ser contrario a la ley natural y a la ley divina. Pueden consultarse al respecto: la "Didaché Apostolorum", ed. Funk, Patres Apostolici, V, II; Athenágoras, "En defensa de los Cristianos", 35, P.G. 6, 970; Tertuliano, "Apologeticum", IX, 8. P.L. I, 371-372; Santo Tomás de Aquino, "Comentario sobre las Sentencias", Libro IV, dist. 31, exposición del texto.
" Los últimos pontífices romanos –continúa la Congregación vaticana- han proclamado con la máxima claridad la misma doctrina", como lo atestiguan la Encíclica "Casti Connubi" del Papa Pío XI (31-12-1930); la Encíclica "Discurso a la Unión Médica Italiana" del Papa Pío XII (12-11-1944); la Encíclica "Humanae Vitae" del Papa Paulo VI (25-7-1968).

(44) Juan Pablo II ¿también ha condenado el aborto?

El Papa Juan Pablo II reiteró en diversas oportunidades las enseñanzas de la Iglesia en esa materia.(4)

Y en forma definitiva y categórica lo condenó en estos términos:
"Con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con los Obispos de la Iglesia Católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra en el propio corazón (Rom. 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal” (5)

Para hacer comprender la gravedad del "delito abominable del aborto", el primer capítulo de la Encíclica "Evangelium Vitae" recuerda que, conforme a las Sagradas Escrituras, existen "pecados que claman venganza ante la presencia de Dios" y entre ellos "ha incluido, en primer lugar, el homicidio voluntario".(6)

(48) ¿La Iglesia no admite el aborto en caso de violación?
Como ya quedó dicho, la Iglesia enseña que la ley natural y la ley divina: "excluyen, pues, todo derecho a matar directamente un hombre inocente"(7)

Sin desconocer las dificultades que eventualmente podría acarrear un embarazo en estas condiciones, la doctrina católica es categórica: no hay razón alguna que pueda darnos el derecho a disponer de la vida de un ser inocente e indefenso en el seno materno.
Esta enseñanza de la Iglesia "no ha cambiado y no es cambiable".(8)

(49) Y si la vida de la madre corriera peligro, ¿no es ésta causa suficiente para permitir el aborto?
Es necesario insistir: jamás un católico puede aprobar el aborto.
Como ya fue explicado, en este caso el médico deberá intentar poner a resguardo tanto la vida del niño como la de su madre.
En el discurso a los participantes del Congreso de la Unión Católica Italiana de Obstetricia, el Papa Pío XII aclaró que:
"Ningún hombre, ninguna autoridad humana, ninguna ciencia, ninguna 'indicación médica', eugenésica, social, económica, moral puede exhibir o dar título jurídico válido a una disposición deliberada directa sobre la vida humana inocente, es decir, a una disposición que persiga su destrucción, sea como fin, o como medio para obtener otro fin que tal vez no sea en sí mismo absolutamente ilícito. Así, por ejemplo, salvar la vida de la madre es un fin muy noble; pero la muerte del no nacido directamente provocada, como medio para este fin, no es lícita. La destrucción directa de la llamada 'vida sin valor', nacida o por nacer, practicada en gran número en los últimos años, no se puede justificar de modo alguno".(9)

Del mismo modo Juan Pablo II reiteró la ilicitud del aborto cuando corre riesgos la vida de la madre:
"Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes, como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. A veces se temen para el que ha de nacer tales condiciones de existencia que hacen pensar que para él lo mejor sería no nacer. Sin embargo, estas y otras razones semejantes, aun siendo graves y dramáticas, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente". (10)


Notas:

1 Cfr. Encíclica "Evangelium Vitae", op. cit., nº 23.

2. Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, "El aborto provocado-Textos de la Declaración y documentos de diversos episcopados", prólogo de Mons. Juan A. Reig, obispo de Segorbe-Castellón, España, Ediciones Palabra, Madrid, 2000, p. 9.

3. Cfr. "El aborto provocado", op. cit. , "Declaración" de la Congregación para la Doctrina de la Fe, pp. 34-36.

4. Cfr. Exhortación Apostólica "Familiaris Consorcio" (22-11-1981), la Institución "Donum Vitae" (22-2-1995), "Carta a las Mujeres" (29-6-1995) y Encíclica "Evangelium Vitae", Edic. Claretiana, Buenos Aires, 1995, nº 61-62, (25-3-1995).

5. Cfr. Encíclica "Evangelium Vitae" op. cit., nº 58.

6. Cfr. Gn 37, 26; Is 26, 21; Ez 24, 7-8.
Cfr. Encíclica "Evangelium Vitae", op. cit., nº 9 y 58, pp. 17 y 104.

7. Cfr. "El Aborto Provocado", "Declaración...", op. cit., p. 40.

8. Cfr. Pablo VI, "Discurso al XXIII Convgno nazionale della Unione Giuristi Cattolici", 9-2-1972, Insegnamenti, 1972, p. 1261.

9. Cfr. "Discurso a los congresistas de la Unión Católica Italiana de Obstetricia, sobre el apostolado de las parteras", 29-10-1951, en Luis Alonso Munoyerro, "Moral Médica en los Sacramentos de la Iglesia", Ed. Fax, Madrid, 1955, p. 370.

10 Cfr., Encíclica "Evangelium Vitae", op. cit., nº 58

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