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La Libertad y el Estado
(30) ¿Impedir
la práctica del aborto, no sería ejercer violencia
contra la mujer víctima de la violación? Pues
en ese caso sufriría dos traumas: el primero, por parte
del criminal, y después, por parte del Estado autoritario
que la obligaría a tener un hijo, imagen viva del violador...
Tan sólo mentes enfermas pueden imaginar que el trauma
resultante de una violación puede solucionarse con un
trauma mil veces más grave, como es el asesinato de un
niño inocente e indefenso.
En el trauma de una violación la víctima no
tuvo la culpa y sabe que no la tiene. Ante el trauma eventualmente
causado por la "imagen viva" del criminal, la madre
también sabe que el hijo es inocente y que eso no es
más que una mera asociación de imágenes.
Si tal asociación fuera muy dolorosa, ella podría
apartarse de su bebé entregándolo a personas o
instituciones que deseen adoptarlo.
Si decide asumir la crianza de su hijo, se sentirá
elevada y dignificada a sus propios ojos, porque sabrá
que está practicando un acto noble y meritorio. Tendrá,
además, la compensación psicológica que
se desprende de la convicción del deber cumplido.
(31) Si
se tratase de una niña o adolescente, ¿se la obligará
a tener el hijo y a hipotecar su futuro?
Como ya fue dicho varias veces, jamás un crimen puede
ser propuesto como una solución para cualquier conflicto,
por más complicado que éste fuera.
Hay que contemplar, por lo demás, los gravísimos
problemas de orden espiritual y psicológico provocados
por el aborto en las mujeres y cuánto se agravan los
mismos al tratarse de una niña o una adolescente.
Abortar a un niño que se lleva en las entrañas,
eso sí es "hipotecar el futuro". Darlo a luz
con la confianza puesta en Dios, aún en las condiciones
difíciles de las que estamos tratando, permitirá
llevar con serenidad y tranquilidad de conciencia una existencia
digna.
(34) Cuando
se encuentra en peligro la vida de la madre, ¿no conviene
interrumpir el embarazo?
El fin no justifica los medios. El homicidio voluntario del
bebé por nacer teniendo en vista alcanzar presumiblemente
un buen resultado (la salud o vida de la madre) nunca puede
justificarse.
Un médico que atiende a una mujer embarazada tiene, en
realidad, dos pacientes. No hay nada de “terapéutico”
(del griego therapeia, "tratamiento", "cura")
en el acto de matar voluntariamente a uno de los dos. El Prof.
Charles E. Rice, de la Facultad de Derecho de Notre Dame, Francia,
afirmó:
“No existe una situación en la que el aborto
sea médicamente necesario para salvar la vida de la madre”
(1).
Del mismo modo, el Dr. Roy S. Hefferman, de la Tufts University,
EE.UU., declaró en un congreso del Colegio Norteamericano
de Cirujanos: “Quien practica un aborto terapéutico
ignora los métodos modernos en los casos de complicaciones
de embarazos o simplemente no tiene voluntad de tomarse el tiempo
necesario para utilizarlos” (2).
Así se expresa el biólogo José Botella
Llusia, Catedrático de Obstetricia y Ginecología
de la Universidad Complutense de Madrid:
"Los progresos de la medicina han sido tales que hoy
día cualquier cardiópata puede sobrellevar un
embarazo y las más graves complicaciones de la preñez
pueden ser resueltas sin necesidad de interrumpirla. El aborto
terapéutico, con el problema que planteaba condenar a
un ser inocente para salvar la vida de otro, puede considerarse
afortunadamente como un dilema ya obsoleto".(3)
La misma Organización Mundial de la Salud reconoció
que prácticamente no existen ya enfermedades afectables
por el embarazo.(4)
La práctica del aborto en tales circunstancias, por
lo demás, está expresamente prohibida por la moral
católica:
"No es lícito provocar el aborto, ni siquiera
para salvar la vida de la madre o el honor de una joven víctima
de violación." (5)
(35) Y
si la madre necesita tomar un remedio o ser operada durante
el embarazo, lo que terminará provocando la muerte del
feto, ¿se debe dejar morir a la mujer para salvar la
vida del nonato?
Para responder la pregunta es necesario hacer una distinción
entre el aborto directo e indirecto.
El directo no es lícito, pues por mejor que sea el
fin que se pretenda alcanzar -proteger la salud de la madre
o curarla-, nunca se puede realizar un acto intrínsecamente
malo, como lo es provocar expresamente la muerte del embrión.
El segundo es lícito, pues sobreviene como una consecuencia
indirecta, no inmediata "de un medicamento o de un
acto médico (la extirpación de un cáncer
de útero, por ejemplo) para curar una enfermedad de la
madre. Aquí resultan dos efectos de una misma acción:
uno bueno (salud de la madre), otro malo, (la muerte del feto).
De estos dos efectos, uno es el buscado, y otro es el que puede
seguirse del anterior, pero de un modo incidental".
Tómese en consideración, sin embargo, que no
debe existir otro medio de obtener la curación de la
madre y que debe haber una razón proporcionalmente grave
para intentarlo.(6)
Sobran ejemplos para demostrar lo que una buena madre decidiría
ante la difícil situación de decidir entre su
vida o la del niño. Transcribimos un hermoso y actual
testimonio a imitar:
"El 27 de enero de 1993 moría en Italia a los
28 años, Carla Levati de Ardenghi, 'ocho horas después
de haber dado a luz un niño que quiso traer al mundo
pese a que los médicos le aconsejaron un aborto para
operarla de cáncer. La mujer llegó al parto en
estado de coma, después de meses de grandes sufrimientos
físicos soportados para evitar que los fármacos
que podían calmarle el dolor dañaran al feto que
llevaba en su seno (...) Morir antes que matar. De acuerdo con
su marido, Valerio Ardenghi, un albañil, Carla prefirió
el sufrimiento y dar a luz al nuevo hijo. Su esposo escribió
en estos meses un diario de las angustias y dolores vividos
día por día. En una de las últimas páginas
escribió: 'Gracias Carla, por haberme convertido en un
hombre'(...) El último deseo de Carla fue que su segundo
hijo fuera bautizado en la pequeña iglesia de la Virgen
de Roveri, donde mañana por la tarde se realizarán
sus funerales. Yo también te digo, sin haberte conocido:
¡Muchas gracias, Carla!..." (7)
Notas:
1. Cfr. Charles E.
Rice, 50 "Question on abortion, authanasia and related
issues", Notre Dame, IN; Cashel Institute, 1986, p. 37.
2. Cfr. John L. Grady,
MD, "Abortion Yes or No", Belmont, MA, American Opinion,
sin fecha, p. 11.
3. Cfr. "Razones
de un biólogo", "Ya", 4-11-1979, Madrid,
en "Acción Familia", "Tópicos abortistas",
Imp. Lit. E.H. Erro, .España, 1983.
4.Cfr. "Acción
Familia", "Tópicos abortistas", op. cit.,
p. 67.
5 Cfr. Denzinger 1184,
2243-2244, en Fr. Antonio Royo Marín, O.P., "Teología
Moral para Seglares", Tomo I, B.A.C., Madrid, 1957, p.
433.
6. Cfr. "Acción
Familia", op. cit., p. 68.
7. Cfr. Jorge Scala,
"IPPF, La Multinacional de la Muerte", J.C. Edic.,
1995, Rosario, Santa Fe, p. 345.
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