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Aspectos económicos y demográficos (II)

(38) La legalización del aborto ¿no favorecería la eliminación de las clínicas clandestinas donde se lo practica con gran riesgo de vida para la mujer?

Con relación al tema de los abortos clandestinos en el mundo entero se han manipulado cifras y estadísticas impresionantes... pero que de ningún modo son confiables.

Así por ejemplo, en Francia se habló hasta el hartazgo de la existencia de 800.000 abortos clandestinos. Sin embargo solo pudieron ser computados 150.000 oficiales y un máximo de 100.000 no legales: un "error" de cálculo del 300 %. (1)

En ese sentido, es elocuente el testimonio del Dr. Bernard Nathanson, autor de "El Grito Silencioso", quien en reiteradas ocasiones se refirió a la descarada manipulación de datos, llevada a cabo por grupos de presión abortistas con la complicidad de importantes medios de comunicación, a fin de despertar adhesiones a sus propuestas.

Aunque sabían de la existencia de 100.000 abortos ilegales en los EE.UU., reiteradamente dieron a los "media" la cifra de 1.000.000. y a pesar de que tan solo morían entre 200 y 250 mujeres a causa de los abortos ilegales, continuamente se difundía que eran más de 10.000.

A fuerza de ser repetidas, estas falsedades terminaron siendo admitidas por muchos norteamericanos convenciéndolos de la necesidad de liberalizar el aborto. Una vez aprobado, éste se transformó en el principal medio para controlar la natalidad en aquel país y el número anual de abortos se ha incrementado en un 1500% -15 veces más.

Por otra parte, nunca fue probado que la legalización del aborto haya hecho disminuir el número de abortos clandestinos. Por el contrario, en aquellos países donde lo fue, no sólo aumentó progresivamente la práctica del aborto voluntario, sino que no disminuyó la cantidad de abortos clandestinos.

El Dr. Christophe Tieze, partidario del aborto, reconoció que:
no fue alcanzado uno de los principales objetivos de la liberalización de las leyes sobre el aborto en Escandinavia que era la de reducir la incidencia de abortos ilegales. Por el contrario, como se lo puede constatar en diversas fuentes, los abortos legales e ilegales han aumentado” (2)

Obsérvese también el interesante estudio del Dr. Thomas Hilgers, "Induced Abortion: A Documented Report”(2ª ed., Minnesota Citizens Concerní for Life, 1973, cap. 7), en el cual queda demostrado que, después de la legalización del aborto, el índice de abortos clandestinos permaneció inalterable en ocho países europeos.

Esto es comprensible puesto que "muchas personas para evitar la publicidad, los papeleos, las certificaciones, la inspección pública, con el riesgo de divulgación que acarrean, se inclinan por la clandestinidad del aborto." (3)

(39) Si las mujeres con alto poder adquisitivo acuden a clínicas muy bien montadas, ¿por qué las que están por debajo del nivel de pobreza no reciben una atención gratuita para abortar?

Toda mujer embarazada, de cualquier condición, está obligada a dar a luz al hijo que concibió. En ningún caso el aborto puede ser considerado un derecho cuyo ejercicio deba ser garantizado y hasta ofrecido en forma gratuita por el Estado.

Lejos de favorecer el crimen, los gobiernos deberían preocuparse de asegurar las condiciones materiales para que los no nacidos vengan al mundo y puedan ser criados en forma digna.

Es sorprendente la compasión que despiertan las madres pobres en aquellos que propician la matanza de millones de niños por nacer. Ellos pretenden proteger a las madres pobres sacando provecho con la muerte de sus hijos...

Si los no nacidos tienen el mismo derecho a la vida que las madres pobres, ¿en nombre de que principio uno puede ser asesinado para supuestamente proteger al otro?

(40) ¿El aborto no sería un mal menor para un hijo de madre soltera o miserable? ¿No sería peor dejar nacer a esa criatura, que nunca conocerá a su padre, no tendrá un hogar y probablemente estará destinado a ser un "chico de la calle" o un delincuente?

Nadie puede decidir la suerte de la vida de otro basándose en sus propios criterios para determinar el futuro.

No somos adivinos del porvenir de nuestros hijos, mucho menos de los hijos de otros.

Esa posición revela un espíritu supersticioso y determinista, que impide formular un juicio objetivo sobre situaciones concretas y realidades complejas.

Es injusto que un bebé completamente inocente sea condenado a muerte en razón de dificultades socioeconómicas que deberían ser solucionadas por otros medios.

Lo que resulta necesario es proteger la vida en vez de utilizar el recurso hipócrita de lavarse las manos para huir de la responsabilidad que nos cabe de encontrar remedio a los problemas de los pobres.

Una vez más, ¿por qué no recurrir a la adopción? O ¿por qué no ayudar a las mujeres en esas condiciones a contraer matrimonio y a formar un hogar, a fin de que puedan educar y resolver la situación de los hijos?

"¡Por favor, no maten al niño!", exclamó en 1994 la Madre Teresa de Calcuta ante el Presidente de los Estados Unidos Bill Clinton. Y agregó:

"Yo quiero al niño. Por favor denme ese niño. Estoy dispuesta a aceptar cualquier niño que podría ser abortado y darlo a una pareja de casados que lo amará y será amada por el niño. Solamente en nuestro hogar de niños en Calcuta hemos salvado más de 3.000 niños del aborto. ¡Estos niños han traído tal amor y alegría a sus padres adoptivos y han crecido tan llenos de amor y júbilo!(...)

"Estamos combatiendo el aborto con la adopción, cuidando a la madre y adoptando a su bebé. Hemos salvado miles de vidas. Hemos dicho a clínicas, a hospitales y estaciones de policía: Por favor, no destruyan al niño; lo tomaremos. De manera que siempre tenemos a alguien que le diga a la madre en problemas: Ven, cuidaremos de ti, le daremos un hogar a tu hijo. Y tenemos una tremenda demanda de parejas que no pueden tener hijos (...)" (4)

El mal mayor, es necesario insistir, será siempre el aborto, no sólo para el nonato que se eliminará, sino también para la propia mujer que aborta, por causa de las secuelas físicas, psicológicas y morales que llevará consigo.

(41) Los abortos han continuado aunque no fueron legalizados. ¿El Estado no debería liberarlo una vez que la ley no es obedecida?

Pretender la eliminación de las conductas criminales legalizándolas, equivaldría a echar por tierra todo el orden jurídico de un país.

Así por ejemplo, en la lógica de la pregunta, una vez que no pueden ser erradicados de la sociedad los asaltos a mano armada y los homicidios, éstos deberían ser legalizados en determinadas condiciones...

Por lo demás, no le es legítimo al Estado renunciar a su obligación de arbitrar todos los medios necesarios en orden a consignar, sancionar y garantizar adecuadamente el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

En efecto, el derecho a la vida es un derecho fundamental y primario del hombre, sin cuyo reconocimiento no hay libertad, ni posibilidad de ejercer los demás derechos naturales, ni tampoco la amplia gama de potestades que, en consecuencia, le reconoce al individuo la ley positiva.

En consecuencia, resulta un deber irrenunciable del Estado la sanción de todo acto que implique la muerte de una persona inocente. En el orden penal, ello implica la represión del homicidio en todas sus formas y, por cierto, la del aborto, dado que se trata de una especie de dicho género delictual. (5)

(42) ¿No sería mejor promover los métodos artificiales de control de la natalidad, inclusive entre los adolescentes, para evitar la proliferación del aborto? Los anticonceptivos resolverían de raíz el drama del aborto, eliminando de una vez por todas el problema de los embarazos no deseados.

La mentalidad anticonceptiva destruye en su raíz el deseo de tener hijos.

Es la razón por la cual, cuando los métodos anticonceptivos fallan, las personas frecuentemente recurren al aborto como "solución" para ese "accidente". Las barreras morales ya estaban abatidas por la cultura anticonceptiva.
Tanto es así que, quien no practica la anticoncepción, en general rechaza con más fuerza al aborto.

En la Encíclica "Evangelium Vitae", S. S. Juan Pablo II enseña:
Se afirma con frecuencia que la anticoncepción, segura y asequible a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. Se acusa además a la Iglesia Católica de favorecer de hecho el aborto al continuar obstinadamente enseñando la ilicitud moral de la anticoncepción. La objeción, mirándolo bien, se revela en realidad falaz. En efecto, puede ser que muchos recurran a los anticonceptivos incluso para evitar después la tentación del aborto. Pero los contravalores inherentes a la ´mentalidad anticonceptiva´ -bien diversa del ejercicio responsable de la paternidad y maternidad, respetando el significado pleno del acto conyugal- son tales que hacen precisamente más fuerte esa tentación, ante la eventual concepción de una vida no deseada. De hecho la cultura abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción” (6)

La anticoncepción, por lo tanto, lejos de eliminar los abortos, les abre las puertas.

En este sentido, es elocuente que Malcolm Potts, ex-director médico de la International Planned Parenthood Federation, entidad que financia movimientos abortistas y de control de la natalidad en todo el mundo, haya declarado en 1973:
"En la medida en que las personas adoptan métodos anticonceptivos, aumenta, y no disminuye, el número de abortos." (7)


Notas:

1. Cfr. "Acción Familia", op. cit., p. 57-58.

2 Cfr. Christopher Tietze, MD, "Abortion in Europe", en Eugene F. Diamond, MD, "This curette for hire", Chicago: ATCA Foundation, 1977, p. 68.

3. Cfr. "Acción Familia", op. cit., p. 58.

4. Cfr."Palabras de la Madre Teresa de Calcuta en el Desayuno de la oración nacional en Washington", en "Mitos y Realidades del Aborto", op. cit., Mito Nº 8.

5. A quien desee profundizar los aspectos jurídicos del tema recomendamos la lectura del artículo "Aborto y Derecho" publicado por "Panorama Católico Internacional", Nº 1, Abril del 2000.

6.Cfr. Juan Pablo II, Encíclica "Evangelium Vitae", sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, Edic. Claretiana, Buenos Aires, 1995, nº 13.

7. Cfr. Andrew Scholberg, "The Abortions and Planned Parenthood: Familiar Bedfellows", IRNFP, Vol, IV, nº 4, Winter 1980, p. 298.

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