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Aspectos económicos y demográficos (I)
(32) Los
hijos de madres adolescentes, ¿no quedan especialmente
sujetos a la pobreza, al resentimiento y al odio? Una niña
no sabrá educar a sus hijos, ¿no es mejor entonces
abortarlos?
Las madres adolescentes que ni siquiera cuenten con el apoyo
o la colaboración de su familia, pueden entregar sus
hijos a padres adoptivos dedicados.
Los hechos demuestran que es mayor el número de matrimonios
deseosos de adoptar que el de niños de madres adolescentes,
lo que facilitaría encontrar una solución al problema.
En los EE.UU. más de dos millones de pedidos de adopción
quedan cada año sin atender. Esta cifra debe ser duplicada
o triplicada porque estas parejas adoptarían dos o tres
niños si se los otorgaran. Y, de acuerdo al Comité
Nacional de Adopción, hasta hace algunos años
atrás, solo sesenta y cinco mil criaturas se encontraban
anualmente disponibles para ser adoptadas. (1)
Por lo tanto, es evidente que los niños nacidos de madres
adolescentes tendrían grandes posibilidades de ser bien
cuidados y educados.
Algunos líderes de movimientos abortistas critican
el sistema de adopción, afirmando que el mismo desconoce
los derechos de la madre sobre sus hijos biológicos.
Aquí debemos aclarar que todo derecho sobre un ser
humano implica necesariamente reciprocidad: el niño también
tiene derecho a ser bien atendido por la madre. Y no solamente
después del nacimiento, sino a partir de su concepción.
Los abortistas, que niegan ese derecho a los no nacidos, defienden
hipócritamente los derechos de las madres contra el sistema
de adopción que contribuye a eliminar los abortos.
Para mostrar con mayor claridad el absurdo del argumento abortista
(de que los hijos de madres adolescentes corren mayores riesgos
de sufrir la pobreza que los hijos de madres adultas) basta
mencionar los resultados de un estudio basado en 375 mil niños
de Norteamérica: a los 30 años, hijos nacidos
de madres adolescentes estaban ganando, en promedio, lo mismo
que los hijos de madres adultas.(2)
¿Qué valor y credibilidad tienen entonces esas
predicciones desastrosas de los abortistas acerca de los hijos
de madres adolescentes? Ninguna.
(33) ¿El
aborto no constituye un medio eficaz para evitar la explosión
demográfica especialmente en los países subdesarrollados
que no pueden alimentar a toda la población?
En ningún caso una práctica criminal como el
aborto debe ser aceptada para solucionar reales o imaginarios
problemas de la sociedad contemporánea.
De todas maneras, no hay la menor base científica para
sustentar que el aumento de la población mundial puede
llevar a una crisis alimenticia de proporciones catastróficas,
al punto de "obligar" al hombre a recurrir al exterminio
de sus semejantes para sobrevivir.
En efecto, jamás se confirmaron las predicciones –como
las del célebre Malthus a finales del siglo XVIII o las
del Club de Roma en la década del cincuenta- que anunciaban
"que la vida humana sobre la tierra era insostenible
porque la población aumentaba en progresión geométrica
[multiplicándose] mientras la producción de alimentos
crecía solo en progresión aritmética [sumándose]".(3)
Sin tomar en consideración los numerosos datos que demuestran
la existencia hoy de una superproducción de alimentos,
baste decir que el profesor Donald Bogne "ha probado que
teóricamente los agricultores del mundo pueden alimentar
una población 40 veces más grande que la actual".(4)
En realidad, la verdadera "amenaza que se cierne sobre
la tierra no es la superpoblación sino la subpoblación,
ya que la fertilidad promedio de las mujeres de la mayoría
de las naciones del mundo es inferior a la tasa de reemplazo
(2.1 hijos por mujer)."
En consecuencia del menor número de nacimientos y del
aumento de la longevidad, la población mundial envejece
rápidamente con efectos de los más graves para
la sociedad: "la economía entrará en un proceso
de recesión crónica (los jóvenes son los
que más consumen), las escuelas cerrarán por falta
de alumnos, los sistemas de seguridad social quebrarán
por falta de aportantes y aumento de beneficiados".(5)
(36) ¿No
es mucho más brutal dejar que nazca una criatura deformada
o infectada por un virus como el SIDA, que abortarla?
Los abortistas, que sin ningún escrúpulo relegan
a los nonatos a la condición de desechos, súbitamente
sienten pena y piedad por esas criaturas. Sin embargo, cosa
singular, ¡las aman tanto que desean matarlas!
Es el mismo y absurdo argumento de que un fin presumiblemente
bueno podría justificar un medio intrínsecamente
malo.
La ilegitimidad del aborto inducido es independiente del grado
de infortunio o de cualquier circunstancia dramática
que pueda aquejar a la madre o a la criatura.
Si por causa de riesgos inherentes a la gestación,
los padres tuviesen el derecho de suprimir la vida del feto,
entonces el derecho al aborto existiría para todo y cualquier
embarazo.
Más aún, existiría el derecho de interrumpir
la vida después del parto, cuando la criatura nacida
estuviera en una situación de grave adversidad o de irreparables
malformaciones. Esta actitud es evidentemente absurda porque
los individuos minusválidos merecen la misma protección
que todos los hombres, antes y después del nacimiento.
Por otra parte, el someterse al aborto no librará ni
inmunizará a la madre respecto al HIV.
Además, el test del SIDA solamente resulta positivo
al 30 % de hijos de portadoras de HIV. Esto no significa necesariamente
que el virus del SIDA esté presente en él, sino
que demuestra la existencia de los anticuerpos contra éste,
probablemente de la sangre materna, que desaparecerán
un tiempo después del nacimiento. Sometida la madre a
un adecuado tratamiento, sólo el 7 % de los niños
tendrán probabilidades de contraer esta enfermedad.
Puestas así las cosas, no tiene ningún sentido
argumentar a favor del aborto aduciendo posibles sufrimientos
del niño por nacer, que en muchísimos casos serán
evitados gracias al avance de la medicina.
Proponer la legalización del aborto para estos casos
manifiesta no sólo un desconocimiento científico,
sino sobre todo una profunda falta de fe en la Providencia Divina.
A propósito de la mal formación del feto como
pretexto para la práctica del aborto, es concluyente
el testimonio dado por el jurista Celso Bastos, renombrado constitucionalista
brasileño, en una entrevista a la revista “Catolicismo”:
"Participé de una discusión en la que
un médico, dueño de diversas clínicas,
defendía el aborto. El decía que con un aparato
de ultrasonidos, se puede conocer con un 80 % de certeza si
el feto sufre de mongolismo, en cuyo caso podría ser
abortado. Entonces le pregunté, ya que admitía
un 20 % de inseguridad, ¿por qué no dejar nacer
a la criatura y matarla después? Entonces tendríamos
un 100 % de certeza. El no tuvo respuesta y se irritó."
(6)
(37) ¿Sin
embargo, no es sumamente cruel condenar a esos niños
gravemente enfermos o discapacitados a una vida desgraciada,
con las consiguientes complicaciones de todo orden para sus
padres?
Sorprende sobremanera la facilidad con la cual, para justificar
el aborto, se supone que toda persona gravemente enferma o discapacitada
prefiere morir a soportar grandes sufrimientos a lo largo de
su vida.
Aún sin tomar en consideración las sublimes verdades
de la Fe, que dan sentido a los mayores infortunios, de acuerdo
a investigaciones bien documentadas "no existen diferencias
entre personas discapacitadas y personas normales en lo referente
a grado de satisfacción, perspectivas en cuanto al futuro
inmediato y vulnerabilidad a la frustración".
En ese sentido, es revelador el testimonio de W. Peacock:
"A un grupo de 150 pacientes no seleccionados de espina
bifída, se les preguntó si sus deficiencias hacían
que la vida no mereciera vivirse, y si se les debería
haber 'dejado morir'. La respuesta unánime fue enérgica:
¡por supuesto que querían vivir! (7)
Con relación a los padres, para no abundar en las razones
ya expuestas, nos limitamos a narrar el ejemplar comportamiento
del matrimonio Armas, cuya historia se conoció a través
de Internet y que responde cabalmente a esta pregunta.
Julie y Alex Armas lucharon mucho tiempo por tener un bebé.
Julie, una enfermera de 27 años de edad, sufrió
dos pérdidas antes de quedar embarazada del pequeño
Samuel. Sin embargo, cuando cumplió 14 semanas de gestación
comenzó a sufrir fuertes calambres. Una prueba de ultrasonido
mostró las razones. El cerebro de Samuel lucía
deforme y la espina dorsal se desprendía de una columna
vertebral que también presentaba anomalías; el
bebé sufría de espina bífida y podían
decidir entre un aborto o un hijo con serias discapacidades.
Según Alex, el aborto nunca fue una opción.
Antes de dejarse abatir, la pareja decidió buscar una
solución por sus propios medios y fue así como
ambos comenzaron a solicitar ayuda a través de Internet.
Así fue como se conectaron con el Dr. Joseph Bruner y
su equipo que decidieron intervenir al niño sin sacarlo
del útero.
La espina bífida puede llevar al daño cerebral,
generar diversas parálisis e incluso una incapacidad
total. Sin embargo, al ser corregida antes que el bebé
nazca, se tienen muchas más opciones de curación.
Aunque el riesgo era grande la operación fue un éxito.
Un fotógrafo registró la cirugía practicada
al feto de 21 semanas de gestación y captó cómo
la criatura sacó su pequeñísima mano desde
el interior del útero de su madre e intentó sujetar
uno de los dedos del médico que lo estaba interviniendo.
Después del nacimiento, los padres de Samuel dirigieron
una carta a todos los amigos que en el mundo se unieron en oración
por el bebé y adoptaron su conmovedora historia como
estandarte de la lucha provida.(8)
La vida es "un valle de lágrimas" y la peor
solución es querer huir de esta realidad, pues pone al
descubierto, además de la cobardía, la falta de
Fe y de sentido común.
Es una utopía utilizar el argumento de la “calidad
de vida” para justificar un aborto. El ya citado Dr. Jerôme
Lejeune recuerda a un colega norteamericano que le hizo esta
confidencia:
“Hace unos años mi padre era un médico
judío que ejercía su profesión en Brenau,
Austria. Un día nacieron dos bebés en su clínica.
Uno era vigoroso, gozaba de buena salud, daba fuertes gritos.
Sus padres estaban muy orgullosos y contentos. El otro bebé
era una pequeña niña, pero sus padres estaban
tristes porque sufría el síndrome de Down. Seguí
sus vidas durante casi 50 años. La hija creció
en casa y finalmente se la destinó a cuidar a su madre
durante la larga enfermedad que ésta sufrió después
de un paro cardíaco. No recuerdo su nombre. Sin embargo,
sí recuerdo el nombre del niño, pues él
creció para matar a millones de personas. Murió
en un bunker en Berlín. Su nombre es Adolf Hitler”
(9)
Notas:
1. Cfr Dr. Jack Willke
y Bárbara Willke, "Aborto preguntas y respuestas",
op. cit., p. 282.
2. Cfr. Josefina J.
Card, "Long-Term Consequences for Children of Teenage Parents",
Demography, vol. 18, nº 2, mayo/1981, pp. 137-156.
3. Cfr. Belaunde Moreyra,
José, "Superpoblación versus Despoblación
en el Tercer Milenio", Diario "Gestión",
Perú, martes 11 de Enero del 2000, p. 23.
4. Cfr. "Time
Magazine", 13-9-1971, en "Acción Familia",
"Tópicos Abortistas", Imp. Lit. E.H.Erro, España,
1983.
5. Cfr. Belaunde Moreyra,
José, op. cit. p. 23
Para mayor información sobre las campañas antinatalistas
promovidas a nivel internacional pueden consultarse los libros:
"Jamás podrán vivir, ni reir, ni amar –
Conclusiones de El Cairo", María Susana Medina de
Fos, Ediciones Gladius, 1995 y "Engaño Mortal",
James Sedlak – Jorge Scala, Ed. Vórtice, 2000.
6. Cfr. “Catolicismo”,
San Pablo, Brasil, nº 525, septiembre, 1994.
7. Cfr. W. Peacock,
comunicación personal a D. Shewmon en "Active Voluntary
Eutanathia", "Issues in Law and Medicine", 1987;
en Dr. Jack Willke y Bárbara Willke, "Aborto, preguntas
y respuestas", op. cit., p. 209.
8. Cfr. "Padres
de Samuel dirigen carta a pro-vidas del mundo", ACI Digital,
http://www.aciprensa.com, 11-12-99, en "Mitos y Realidades…",
op. cit., Mito Nº10.
9. Cfr. Barbara &
Jack Willke, "A genetique choice", Right to life of
greater Cincinnati, Newsletter, Enero de 1966, p. 3.
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