1)Reflexionar, organizarse, reaccionar
En el
momento de concluir la lectura de estas páginas, tal vez ya sea de noche. Con el
televisor prendido, entorno de la mesa probablemente se ha hecho silencio. Unos
a otros casi no se prestan atención o casi no se dirigen la palabra. La pantalla
chica introduce escenas aberrantemente contrarias a la verdadera familia. Los
chicos están siendo "trabajados" por falsos modelos y publicidades
inescrupulosas.
En medio del silencio y del letargo de un fin de día frente al televisor,
se va practicando una singular y misteriosa operación psicológica: la familia
que busca un recreo en la pantalla chica va siendo narcotizada, minada,
destruida, puesta en jaque. En algunos casos, tal vez jaque
mate...
Pero en el interior de incontables almas late confinado el
anhelo por una situación diferente, en la que las relaciones de unos con otros
no sean ahogadas ni desnaturalizadas por la adicción a un aparato. Donde, por el
contrario, los tipos humanos familiares estén impregnados de un aura de
respetabilidad, nobleza y virtud.
Una
muestra entre otras sirve para evidenciar este trasfondo: pese al incesante
torrente de escándalos y agresiones morales que se abate contra la familia y el vínculo
conyugal, los televidentes de la Argentina -como los de la mayor parte del mundo
civilizado- asisten en masa a la transmisión de las bodas de príncipes y
princesas en que el fasto exterior es una glorificación de la dignidad del
matrimonio y del ideal de una sociedad moldeada por la familia,
independientemente de cualquier otra consideración.
La
tendencia al rebajamiento y a la liquidación de la familia no corresponde, pues,
a las más genui nas aspiraciones de la mayoría de los hogares
argentinos.
La ofensiva antifamiliar puede ser contrarrestada. Existen las
condiciones para una reacción exitosa, de suyo necesaria e impostergable.(*)
De todos los campos de la
actividad humana interesados por el tema, llegan
consejos claros: el momento exige que las familias mediten, se organi cen,
reaccionen. Autoridades científicas como la Academia Americana de Pediatría
(ver recuadro págs. 112-113) recomiendan que, si la familia nota que está
siendo perjudicada en concreto por la programación de la TV o por la
"teleadicción", limite racionalmente el tiempo de visión o pura y simplemente
apague el televisor para un tiempo de reflexión y de evaluación, variable según
los casos. Numerosos especialistas consideran urgente -incluso del punto de
vista de la salud psíquica- que las familias conversen entre sí, cuenten los
efectos que les produjo pasar un período sin televisión; que intercambien
experiencias, ideas, consejos, estrategias; que piensen en lo que pueden hacer
en común para el bien de cada hogar y de cada uno de sus
miembros.
Desde el punto de vista moral y religioso, S. S. Juan Pablo II recomienda
que se desconecte el televisor cuando el bien superior de la familia lo exige.
(ver recuadro pág. 48) Cada vez más crece el número de familias que en
Europa y EE.UU. ponen en práctica estos consejos.
Por
otra parte, en los EE.UU., Europa y América Latina se multiplican las
asociaciones que -como la Fundación Argentina del Mañana-FAM-sirven de canal de
acción y de protesta para quienes desean poner un dique a la ofensiva
anti-familiar que se vale de la televisión para avasallar los
hogares.
El
vivo interés del público por estas asociaciones se palpa en el hecho que la
Fundación Argentina del Mañana, pese a tener muy pocos años de existencia, ya
cuenta con adherentes en más de 400 localidades del país y ha recibido el apoyo
de decenas de miles de argentinos a sus campañas.
En
este sentido, el rumbo está apuntado y hay una acción que se encamina hacia un
futuro lleno deposibilidades. El desvelo por la familia y la fidelidad a la Iglesia
exigen a todos los hogares que asuman su responsabilidad y contribuyan con su
parte, por pequeña que parezca, en esta benemérita acción.(**)
2)El deber de comunicar los verdaderos modelos
familiares
De
todos los rincones del país llega, a veces con tonos angustiados, una
interrogación: ¿qué hacer? ¿cómo llenar el vacío que la ofensiva anti-familiar
ha abierto en tantas almas y en tantas familias?
¿Dónde encontrar los
ejemplos genuinos de familia, de personas de bien, capaces de inspirar
entusiasmos; de mostrar la senda rumbo a un porvenir cristiano para la familia,
la sociedad y la cultura; de insuflar un nuevo aliento a principios, valores,
costumbres y tradiciones, y de reconfortar, donde sea
preciso, a los hogares más
necesitados de modelos auténticos?
Buscando estos ejemplos de excelencia el pensamiento católico se vuelve
naturalmente hacia el hogar más augusto que la Historia conoció: el formado por
la Sagrada Familia en la Santa Casa de Nazaret.
Durante siglos, millones de fieles de todos los rincones de la Tierra han
venerado las paredes benditas que albergaron a Jesús, María y José, al relicario
precioso, transportado milagrosamente a Loreto en el siglo XIII, donde Dios
encamado quiso formar parte de una familia en la cual el jefe en el plano humano
-San José, príncipe de la Casa de David- era el menor en el orden sobrenatural.
Donde la Madre era la Reina del Cielo y de la Tierra. Y el que era Niño y debía
obediencia a los dos, era Dios. Modelo de familia perfecta, del cual la ofensiva
anti-familiar, poderosamente servida por el medio televisivo, quiere borrar todo
recuerdo en las mentes y toda semejanza en la vida interna de las familias
argentinas y de todas las almas de bien del mundo.
Jesús, María y José cultivaron una admirable jerarquía de relaciones -al
mismo tiempo perfecta y sorprendente- que es la matriz de todas las formas de
equilibrio de las interrelaciones familiares posibles dentro de la excelencia y
la virtud.
Matriz -huelga decirlo- incompatible con los "anti-modelos" televisivos
actuales. ¿Quién no juzgaría chocante, de mal gusto y hasta blasfemo que se
imaginase dentro de las paredes de la Santa Casa una televisión
prendida?
Este
arquetipo divino de familia -a años luz de la realidad que nos toca vivir y,
simultáneamente, al alcance de la mano- inspiró históricamente otros modelos
adaptados a las legítimas necesidades de los tiempos, de los lugares y de las
psicologías de cada pueblo y región.
Existieron y aún perduran como brasas ardientes en incontables hogares
herederos de sucesivas generaciones que cultivaron el ideal católico de familia,
creando un ambiente de virtud, de elevación y distinción, dentro de su
correspondiente categoría social. Hogares que irradian la influencia
benéfica
de su ejemplo, de un modo
discreto y natural, por medio de una acción de presencia desinteresada y
generosa. Por eso mismo, han sido considerados por sus conocidos y vecinos
-sin que se mezclase afán de promoción personal- como hogares de familias de
élite.
De élites genuinas, cuyas costumbres y modo de ser se ubican en el polo
opuesto de los anti-modelos y de las contra-élites que llenan las pantallas y
las páginas de los medios impresos. Por lo tanto, alejadas de las vulgares y
adineradas corrupciones del jet-set
o de los egoísmos desenfrenados de cierta burguesía sanchopancesca.
Movidas por el anhelo de impulsar todas las clases hacia la excelencia cultural
y moral cristiana. Embebidas del deseo de servir al bien común, con un énfasis
especial por los más necesitados. Muchas veces despreciadas e incomprendidas por
cultivar y servirían nobles ideales, relegadas al anonimato por los medios que
se complacen en promover tipos humanos groseros, proletarizados, encamación del
colectivismo ateo e igualitario.
Considerando el horizonte de crisis que en su tiempo se estaba
concentrando sobre la familia, la sociedad y la civilización, S. S. Pío XII, en
una serie de catorce Alocuciones, presentó a las familias de élites
tradicionales como las depositarías de los modelos capaces de reerguir el mundo.
Las llamó a salir del anonimato, a vencer las frías e injustas murallas de la
incomprensión y a comunicar a todas las clases sociales el buen ejemplo de
virtud y cultura heredado de sus antepasados.
Dichas Alocuciones fueron continuadas por S.S. Juan XXIII en 1960 y 1963,
y por S. S. Pablo VI en 1964, el cual reafirmando cuanto enseñó Pío XII, las
exhortó nuevamente a la realización de "la vocación que la
Providencia os ha marcado y rigen el ejercicio de aquella función que la
sociedad contemporánea espera que ejerzáis también
hoy".(131)
Si bien hablando para el
conjunto de familias que por su proximidad física
a la Cátedra de Pedro, por su historia, cultura y proyección social están
llamadas a dar un ejemplo especial de vida familiar - es decir, el Patriciado y
la Nobleza Romana-, Pío XII tenía en vista a todas las élites tradicionales, a
las cuales hizo extensivas sus exhortaciones y consejos. Pues las élites
tradicionales que existen en los países de raíz cristiana bajo los más variados
regímenes de gobierno -repúblicas como la Argentina o los EEUU, monarquía como
España- constituyen un género muy amplio del cual la nobleza es una especie
eminente.
En 1946 el Santo Padre dijo: "De todos los países, al menos de los
comprendidos en la civilización occidental, sube el grito de angustia del
matrimonio y de la familia, tan desgarrador que no es posible dejar de
escucharlo. También en esto poneos con vuestra conducta a la cabeza del
movimiento de reforma y de restauración del hogar
".(132)
Pío XII pensaba claramente
en los beneficios enormes que obtendrían las
categorías populares y la cultura y la moralidad de las Naciones caso las élites
tradicionales atendiesen a su llamado: 'Hoy en día la salvación ha de
iniciarse donde la perversión tuvo su origen. En sí no es difícil mantener en el
pueblo la religión y las sanas costumbres, cuando las clases altas van delante
con su buen ejemplo y crean condiciones públicas que no hagan desmedidamente
gravosa la formación de la vida cristiana, antes bien la conviertan en imitable
y dulce. (...) La gran misión que a vosotros, y con vosotros a no pocos otros,
os está señalada -esto es, la de comenzar reformando o perfeccionando vuestra
vida privada, en vosotros mismos y en vuestra casa,y la de empeñaros después,
cada uno en su puesto y por su parte, en lograr que surja un orden cristiano en
la vida pública- no admite dilación ni retraso..."(133)
En 1958, el mismo Pontífice insistió en que el pueblo tiene el derecho de
encontrar los verdaderos modelos en las élites y éstas tienen el deber de
comunicarlos: "Ante todo, debéis insistir en vuestra irreprensible conducta
religiosa y moral, especialmente dentro de la familia, y practicar una
sana
austeridad de
vida. Haced que las otras clases perciban el patrimonio de virtudes y dotes que
os son propias, fruto de largas tradiciones familiares. Son éstas la
imperturbable fortaleza de ánimo, la fidelidad y dedicación a las causas más
dignas, una tierna y munífica piedad para con los débiles y los pobres, el
prudente y delicado modo de tratar los asuntos graves y difíciles, aquel
prestigio personal, casi hereditario en las nobles familias, por el que se llega
a persuadir sin oprimir, a arrastrar sin forzar, a conquistar sin humillar el
espíritu de los demás, ni siquiera el de vuestros adversarios o rivales
'(134)
No se piense que estas
enseñanzas de Pío XiI han perdido su vigor. Por el
contrario, han ganado actualidad en los días que corren. Una clara muestra de
ello es la reciente obra del Prof. Plinio Correa de Oliveira, catedrático de
Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Católica de San
Pablo(Brasil). Este libro dedicado al tema -"Nobleza y élites
tradicionales análogas en las alocuciones de Pió XII al Patriciado y a la
Nobleza romana(135) despertó
los aplausos de los Emmos. Cardenales Silvio Oddi, Mario Luigi Ciappi, Alfóns M.
Stickier y Bemardino Echeverría, los cuales elogiaron
su "extraordinaria
oportunidad". Para los purpurados, ante la decadencia universal de los
valores, urge que las élites vuelvan a dar a la humanidad los ejemplos que ésta
precisa. También teólogos de renombre universal como los PP. Anastasio Gutiérrez
C.M.F., Victorino Rodríguez O.P., Raimondo Spiazzi O.P., a propósito de dicho
libro, encomiaron el esfuerzo por enaltecer las enseñanzas de Pío XII sobre los
auténticos valores de las élites que "están muy eclipsados en el
igualitarismo postrevolucionario y las modernas democracias inorgánicas
".
En efecto, en aquellas Alocuciones Pío XII puso de relieve que las élites
tradicionales tienen la obligación de no dejarse diluir en el anonimato, de
resistir moralmente a la corrupción moderna y de sobresalir en la vida cotidiana
dando genuinos ejemplos para que todas las clases sociales se puedan beneficiar
de ellos. Como observa el Prof. Plinio Correa de Oliveira, esta obligación
incumbe a todas las familias que componen la élite de sus respectivas clases o
categorías sociales -por lo tanto, aristocráticas, burguesas y populares- que se
distinguen por una atmósfera interior rica de valores morales, culturales y
sociales atesorados y desarrollados a lo largo de
generaciones.
Élites empeñadas en proyectar al futuro las tradiciones del pasado,
perfeccionándose continuamente y enfrentando muchas veces dificultades
económicas, ingratitudes o el desprecio de la mediocridad o de la vulgaridad
bruta y jactanciosa. Élites tal cual existen, con sus legítimas peculiaridades
nacionales, en cada país, y, obviamente, en la Argentina pese a la obra
destructora de la ofensiva anti-familiar.Recordando su misión a las élites
tradicionales y recomendando al pueblo fiel seguir su ejemplo, apartándose de
los falsos modelos extravagantes, obscenos, colectivistas y ateos. Pío XII ha
señalado inequívocamente los paradigmas de conducta familiar y social que, hoy
más que nunca, son válidos e indispensables en la Argentina para contrarrestar
la ofensiva antifamiliar que se vale de la televisión.
3)Sumar esfuerzos y verdaderos modelos por un
porvenir radiante para la familia
En
pocas palabras, por un lado, hay una necesidad urgente de que las familias
reflexionen, se organicen y reaccionen contra la obra de demolición anti-familiar que irrumpe
en los hogares a través de la pantalla chica. Incontables argentinos de todas
las edades y categorías sociales esperan esta reacción restauradora del hogar.
Ya está cobrando cuerpo un movimiento en este sentido, del cual la Fundación
Argentina del Mañana tiene la honra de participar como uno de los componentes
más dinámicos.
Por
otro lado, es indispensable que las familias de élites tradicionales de todas
las clases sociales hagan brillar, ante los ojos de todos, con su acción de
presencia, los ejemplos de fidelidad a las tradiciones cristianas y a los más
elevados patrones de cultura y educación, opuestos a los perversos
pseudo-modelos promovidos por la programación de la TV actual.
De la suma de ambos esfuerzos y sobretodo del auxilio de la
Santísima Virgen, no puede dejar de resultar un movimiento comunicativo y
vivificador
en el cual se funde
sólidamente la restauración familiar, social y cultural que exige el día de hoy,
en función de un porvenir venturoso de grandeza cristiana para la Argentina del
mañana.
Notas
*) Juan Pablo II nos llama a ser héroes en defensa de la familia: "Semejante testimonio [de los mártires] tiene un valor extraordinario a fín de que (...) no se caiga en la crisis más profunda que puede afectar al hombre: la confusión del bien y del mal, que hace imposible construir y conservar el orden moral de los individuos y de las comunidades. Si el martirio es el testimonio culminante de la verdad moral, al que relativamente pocos son llamados, existe, no obstante un testimonio de coherencia que todos los cristianos deben estar dispuestos a dar cada día, incluso a costa (...) de grandes sacrificios (...) Ante las múltiples dificultades que (...) puede exigir la fidelidad al orden moral, el cristiano, implorando la gracia de Dios, está lamado a una entrega a veces heroica. Le sostiene la virtud de la fortaleza, que -como enseña San Gregorio Magno— le capacita a 'amar las dificultades de este mundo a la vista del premio eterno'"
(Veritatis Spiendor Cap. 111, n°93)
**) En carta a la Fundación Argentina del Mañana del 22 de abril de 1994, el Nuncio Apostólico en Buenos Aires, Mons. Ubaldo Calabresi, nos alentó con el siguiente mensaje: "Su Santidad aprecia los fines y las iniciativas de la Fundación, tendientes a la defensa y consolidación de la familia y de la moralidad pública, especialmente en los medios de comunicación televisiva que invaden y agreden la intimidad de los hogares, y exhorta a todos sus miembros a
perseverar con firmeza en esta lucha"..
131) S.S.Pablo VI, Alocución al Patriciado y a la Nobleza Romana 1964, Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol.II.pág. 73.
132) S.S.PIOXII, Alocución al Patriciado y a la Nobleza Romana del 16/1/46 ,Discorsi e Radiomessaggi di SuaSantitá Pió XII, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. Vil, págs. 337-342.
133) S.S. PÍO X, Alocución al Patriciado y a la Nobleza Romana del 11/1/43, Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pió XII, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. IV, pp. 360-361.
134) S.S. PIÓ XI, locución al Patriciado y a la Nobleza Romana del 9/1/58, Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pió XII, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. XIX, págs. 707-710.
135) CORREA DE OLIVEIRA, Plinio. "Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana",
Ediciones Tradición Familia Propiedad, Buenos Aires, 1993, 327 págs.. pág. 64.