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Capitulo VI
Para que cese la ofensiva anti-familiar

1)Reflexionar, organizarse, reaccionar

En el momento de concluir la lectura de estas páginas, tal vez ya sea de noche. Con el televisor prendido, entorno de la mesa probablemente se ha hecho silencio. Unos a otros casi no se prestan atención o casi no se dirigen la palabra. La pantalla chica introduce escenas aberrantemente contrarias a la verdadera familia. Los chicos están siendo "trabajados" por falsos modelos y publicidades inescrupulosas.

En medio del silencio y del letargo de un fin de día frente al televisor, se va practicando una singular y misteriosa operación psicológica: la familia que busca un recreo en la pantalla chica va siendo narcotizada, minada, destruida, puesta en jaque. En algunos casos, tal vez jaque mate...

Pero en el interior de incontables almas late confinado el anhelo por una situación diferente, en la que las relaciones de unos con otros no sean ahogadas ni desnaturalizadas por la adicción a un aparato. Donde, por el contrario, los tipos humanos familiares estén impregnados de un aura de respetabilidad, nobleza y virtud.

Una muestra entre otras sirve para evidenciar este trasfondo: pese al incesante torrente de escándalos y agresiones morales que se abate contra la familia y el vínculo conyugal, los televidentes de la Argentina -como los de la mayor parte del mundo civilizado- asisten en masa a la transmisión de las bodas de príncipes y princesas en que el fasto exterior es una glorificación de la dignidad del matrimonio y del ideal de una sociedad moldeada por la familia, independientemente de cualquier otra consideración.

La tendencia al rebajamiento y a la liquidación de la familia no corresponde, pues, a las más genui nas aspiraciones de la mayoría de los hogares argentinos.

La ofensiva antifamiliar puede ser contrarrestada. Existen las condiciones para una reacción exitosa, de suyo necesaria e impostergable.(*)

De todos los campos de la actividad humana interesados por el tema, llegan consejos claros: el momento exige que las familias mediten, se organi cen, reaccionen. Autoridades científicas como la Academia Americana de Pediatría (ver recuadro págs. 112-113) recomiendan que, si la familia nota que está siendo perjudicada en concreto por la programación de la TV o por la "teleadicción", limite racionalmente el tiempo de visión o pura y simplemente apague el televisor para un tiempo de reflexión y de evaluación, variable según los casos. Numerosos especialistas consideran urgente -incluso del punto de vista de la salud psíquica- que las familias conversen entre sí, cuenten los efectos que les produjo pasar un período sin televisión; que intercambien experiencias, ideas, consejos, estrategias; que piensen en lo que pueden hacer en común para el bien de cada hogar y de cada uno de sus miembros.

Desde el punto de vista moral y religioso, S. S. Juan Pablo II recomienda que se desconecte el televisor cuando el bien superior de la familia lo exige. (ver recuadro pág. 48) Cada vez más crece el número de familias que en Europa y EE.UU. ponen en práctica estos consejos.

Por otra parte, en los EE.UU., Europa y América Latina se multiplican las asociaciones que -como la Fundación Argentina del Mañana-FAM-sirven de canal de acción y de protesta para quienes desean poner un dique a la ofensiva anti-familiar que se vale de la televisión para avasallar los hogares.

El vivo interés del público por estas asociaciones se palpa en el hecho que la Fundación Argentina del Mañana, pese a tener muy pocos años de existencia, ya cuenta con adherentes en más de 400 localidades del país y ha recibido el apoyo de decenas de miles de argentinos a sus campañas.

En este sentido, el rumbo está apuntado y hay una acción que se encamina hacia un futuro lleno deposibilidades. El desvelo por la familia y la fidelidad a la Iglesia exigen a todos los hogares que asuman su responsabilidad y contribuyan con su parte, por pequeña que parezca, en esta benemérita acción.(**)

2)El deber de comunicar los verdaderos modelos familiares

De todos los rincones del país llega, a veces con tonos angustiados, una interrogación: ¿qué hacer? ¿cómo llenar el vacío que la ofensiva anti-familiar ha abierto en tantas almas y en tantas familias?

¿Dónde encontrar los ejemplos genuinos de familia, de personas de bien, capaces de inspirar entusiasmos; de mostrar la senda rumbo a un porvenir cristiano para la familia, la sociedad y la cultura; de insuflar un nuevo aliento a principios, valores, costumbres y tradiciones, y de reconfortar, donde sea

preciso, a los hogares más necesitados de modelos auténticos?

Buscando estos ejemplos de excelencia el pensamiento católico se vuelve naturalmente hacia el hogar más augusto que la Historia conoció: el formado por la Sagrada Familia en la Santa Casa de Nazaret.

Durante siglos, millones de fieles de todos los rincones de la Tierra han venerado las paredes benditas que albergaron a Jesús, María y José, al relicario precioso, transportado milagrosamente a Loreto en el siglo XIII, donde Dios encamado quiso formar parte de una familia en la cual el jefe en el plano humano -San José, príncipe de la Casa de David- era el menor en el orden sobrenatural. Donde la Madre era la Reina del Cielo y de la Tierra. Y el que era Niño y debía obediencia a los dos, era Dios. Modelo de familia perfecta, del cual la ofensiva anti-familiar, poderosamente servida por el medio televisivo, quiere borrar todo recuerdo en las mentes y toda semejanza en la vida interna de las familias argentinas y de todas las almas de bien del mundo.

Jesús, María y José cultivaron una admirable jerarquía de relaciones -al mismo tiempo perfecta y sorprendente- que es la matriz de todas las formas de equilibrio de las interrelaciones familiares posibles dentro de la excelencia y la virtud.

Matriz -huelga decirlo- incompatible con los "anti-modelos" televisivos actuales. ¿Quién no juzgaría chocante, de mal gusto y hasta blasfemo que se imaginase dentro de las paredes de la Santa Casa una televisión prendida?

Este arquetipo divino de familia -a años luz de la realidad que nos toca vivir y, simultáneamente, al alcance de la mano- inspiró históricamente otros modelos adaptados a las legítimas necesidades de los tiempos, de los lugares y de las psicologías de cada pueblo y región.

Existieron y aún perduran como brasas ardientes en incontables hogares herederos de sucesivas generaciones que cultivaron el ideal católico de familia, creando un ambiente de virtud, de elevación y distinción, dentro de su correspondiente categoría social. Hogares que irradian la influencia benéfica

de su ejemplo, de un modo discreto y natural, por medio de una acción de presencia desinteresada y generosa. Por eso mismo, han sido considerados por sus conocidos y vecinos -sin que se mezclase afán de promoción personal- como hogares de familias de élite.

De élites genuinas, cuyas costumbres y modo de ser se ubican en el polo opuesto de los anti-modelos y de las contra-élites que llenan las pantallas y las páginas de los medios impresos. Por lo tanto, alejadas de las vulgares y adineradas corrupciones del jet-set o de los egoísmos desenfrenados de cierta burguesía sanchopancesca. Movidas por el anhelo de impulsar todas las clases hacia la excelencia cultural y moral cristiana. Embebidas del deseo de servir al bien común, con un énfasis especial por los más necesitados. Muchas veces despreciadas e incomprendidas por cultivar y servirían nobles ideales, relegadas al anonimato por los medios que se complacen en promover tipos humanos groseros, proletarizados, encamación del colectivismo ateo e igualitario.

Considerando el horizonte de crisis que en su tiempo se estaba concentrando sobre la familia, la sociedad y la civilización, S. S. Pío XII, en una serie de catorce Alocuciones, presentó a las familias de élites tradicionales como las depositarías de los modelos capaces de reerguir el mundo. Las llamó a salir del anonimato, a vencer las frías e injustas murallas de la incomprensión y a comunicar a todas las clases sociales el buen ejemplo de virtud y cultura heredado de sus antepasados.

Dichas Alocuciones fueron continuadas por S.S. Juan XXIII en 1960 y 1963, y por S. S. Pablo VI en 1964, el cual reafirmando cuanto enseñó Pío XII, las exhortó nuevamente a la realización de "la vocación que la Providencia os ha marcado y rigen el ejercicio de aquella función que la sociedad contemporánea espera que ejerzáis también hoy".(131)

Si bien hablando para el conjunto de familias que por su proximidad física a la Cátedra de Pedro, por su historia, cultura y proyección social están llamadas a dar un ejemplo especial de vida familiar - es decir, el Patriciado y la Nobleza Romana-, Pío XII tenía en vista a todas las élites tradicionales, a las cuales hizo extensivas sus exhortaciones y consejos. Pues las élites tradicionales que existen en los países de raíz cristiana bajo los más variados regímenes de gobierno -repúblicas como la Argentina o los EEUU, monarquía como España- constituyen un género muy amplio del cual la nobleza es una especie eminente.

En 1946 el Santo Padre dijo: "De todos los países, al menos de los comprendidos en la civilización occidental, sube el grito de angustia del matrimonio y de la familia, tan desgarrador que no es posible dejar de escucharlo. También en esto poneos con vuestra conducta a la cabeza del movimiento de reforma y de restauración del hogar ".(132)

Pío XII pensaba claramente en los beneficios enormes que obtendrían las categorías populares y la cultura y la moralidad de las Naciones caso las élites tradicionales atendiesen a su llamado: 'Hoy en día la salvación ha de iniciarse donde la perversión tuvo su origen. En sí no es difícil mantener en el pueblo la religión y las sanas costumbres, cuando las clases altas van delante con su buen ejemplo y crean condiciones públicas que no hagan desmedidamente gravosa la formación de la vida cristiana, antes bien la conviertan en imitable y dulce. (...) La gran misión que a vosotros, y con vosotros a no pocos otros, os está señalada -esto es, la de comenzar reformando o perfeccionando vuestra vida privada, en vosotros mismos y en vuestra casa,y la de empeñaros después, cada uno en su puesto y por su parte, en lograr que surja un orden cristiano en la vida pública- no admite dilación ni retraso..."(133)

En 1958, el mismo Pontífice insistió en que el pueblo tiene el derecho de encontrar los verdaderos modelos en las élites y éstas tienen el deber de comunicarlos: "Ante todo, debéis insistir en vuestra irreprensible conducta religiosa y moral, especialmente dentro de la familia, y practicar una sana

austeridad de vida. Haced que las otras clases perciban el patrimonio de virtudes y dotes que os son propias, fruto de largas tradiciones familiares. Son éstas la imperturbable fortaleza de ánimo, la fidelidad y dedicación a las causas más dignas, una tierna y munífica piedad para con los débiles y los pobres, el prudente y delicado modo de tratar los asuntos graves y difíciles, aquel prestigio personal, casi hereditario en las nobles familias, por el que se llega a persuadir sin oprimir, a arrastrar sin forzar, a conquistar sin humillar el espíritu de los demás, ni siquiera el de vuestros adversarios o rivales '(134)

No se piense que estas enseñanzas de Pío XiI han perdido su vigor. Por el contrario, han ganado actualidad en los días que corren. Una clara muestra de ello es la reciente obra del Prof. Plinio Correa de Oliveira, catedrático de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Católica de San Pablo(Brasil). Este libro dedicado al tema -"Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pió XII al Patriciado y a la Nobleza romana(135) despertó los aplausos de los Emmos. Cardenales Silvio Oddi, Mario Luigi Ciappi, Alfóns M. Stickier y Bemardino Echeverría, los cuales elogiaron su "extraordinaria oportunidad". Para los purpurados, ante la decadencia universal de los valores, urge que las élites vuelvan a dar a la humanidad los ejemplos que ésta precisa. También teólogos de renombre universal como los PP. Anastasio Gutiérrez C.M.F., Victorino Rodríguez O.P., Raimondo Spiazzi O.P., a propósito de dicho libro, encomiaron el esfuerzo por enaltecer las enseñanzas de Pío XII sobre los auténticos valores de las élites que "están muy eclipsados en el igualitarismo postrevolucionario y las modernas democracias inorgánicas ".

En efecto, en aquellas Alocuciones Pío XII puso de relieve que las élites tradicionales tienen la obligación de no dejarse diluir en el anonimato, de resistir moralmente a la corrupción moderna y de sobresalir en la vida cotidiana dando genuinos ejemplos para que todas las clases sociales se puedan beneficiar de ellos. Como observa el Prof. Plinio Correa de Oliveira, esta obligación incumbe a todas las familias que componen la élite de sus respectivas clases o categorías sociales -por lo tanto, aristocráticas, burguesas y populares- que se distinguen por una atmósfera interior rica de valores morales, culturales y sociales atesorados y desarrollados a lo largo de generaciones.

Élites empeñadas en proyectar al futuro las tradiciones del pasado, perfeccionándose continuamente y enfrentando muchas veces dificultades económicas, ingratitudes o el desprecio de la mediocridad o de la vulgaridad bruta y jactanciosa. Élites tal cual existen, con sus legítimas peculiaridades nacionales, en cada país, y, obviamente, en la Argentina pese a la obra destructora de la ofensiva anti-familiar.Recordando su misión a las élites tradicionales y recomendando al pueblo fiel seguir su ejemplo, apartándose de los falsos modelos extravagantes, obscenos, colectivistas y ateos. Pío XII ha señalado inequívocamente los paradigmas de conducta familiar y social que, hoy más que nunca, son válidos e indispensables en la Argentina para contrarrestar la ofensiva antifamiliar que se vale de la televisión.


3)Sumar esfuerzos y verdaderos modelos por un porvenir radiante para la familia

En pocas palabras, por un lado, hay una necesidad urgente de que las familias reflexionen, se organicen y reaccionen contra la obra de demolición anti-familiar que irrumpe en los hogares a través de la pantalla chica. Incontables argentinos de todas las edades y categorías sociales esperan esta reacción restauradora del hogar. Ya está cobrando cuerpo un movimiento en este sentido, del cual la Fundación Argentina del Mañana tiene la honra de participar como uno de los componentes más dinámicos.

Por otro lado, es indispensable que las familias de élites tradicionales de todas las clases sociales hagan brillar, ante los ojos de todos, con su acción de presencia, los ejemplos de fidelidad a las tradiciones cristianas y a los más elevados patrones de cultura y educación, opuestos a los perversos pseudo-modelos promovidos por la programación de la TV actual.

De la suma de ambos esfuerzos y sobretodo del auxilio de la Santísima Virgen, no puede dejar de resultar un movimiento comunicativo y vivificador

en el cual se funde sólidamente la restauración familiar, social y cultural que exige el día de hoy, en función de un porvenir venturoso de grandeza cristiana para la Argentina del mañana.


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Notas

*) Juan Pablo II nos llama a ser héroes en defensa de la familia: "Semejante testimonio [de los mártires] tiene un valor extraordinario a fín de que (...) no se caiga en la crisis más profunda que puede afectar al hombre: la confusión del bien y del mal, que hace imposible construir y conservar el orden moral de los individuos y de las comunidades. Si el martirio es el testimonio culminante de la verdad moral, al que relativamente pocos son llamados, existe, no obstante un testimonio de coherencia que todos los cristianos deben estar dispuestos a dar cada día, incluso a costa (...) de grandes sacrificios (...) Ante las múltiples dificultades que (...) puede exigir la fidelidad al orden moral, el cristiano, implorando la gracia de Dios, está lamado a una entrega a veces heroica. Le sostiene la virtud de la fortaleza, que -como enseña San Gregorio Magno— le capacita a 'amar las dificultades de este mundo a la vista del premio eterno'" (Veritatis Spiendor Cap. 111, n°93)

**) En carta a la Fundación Argentina del Mañana del 22 de abril de 1994, el Nuncio Apostólico en Buenos Aires, Mons. Ubaldo Calabresi, nos alentó con el siguiente mensaje: "Su Santidad aprecia los fines y las iniciativas de la Fundación, tendientes a la defensa y consolidación de la familia y de la moralidad pública, especialmente en los medios de comunicación televisiva que invaden y agreden la intimidad de los hogares, y exhorta a todos sus miembros a
perseverar con firmeza en esta lucha"..

131) S.S.Pablo VI, Alocución al Patriciado y a la Nobleza Romana 1964, Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol.II.pág. 73.

132) S.S.PIOXII, Alocución al Patriciado y a la Nobleza Romana del 16/1/46 ,Discorsi e Radiomessaggi di SuaSantitá Pió XII, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. Vil, págs. 337-342.

133) S.S. PÍO X, Alocución al Patriciado y a la Nobleza Romana del 11/1/43, Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pió XII, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. IV, pp. 360-361.

134) S.S. PIÓ XI, locución al Patriciado y a la Nobleza Romana del 9/1/58, Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pió XII, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. XIX, págs. 707-710.

135) CORREA DE OLIVEIRA, Plinio. "Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana",
Ediciones Tradición Familia Propiedad, Buenos Aires, 1993, 327 págs.. pág. 64.

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