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Capitulo V
Rompiendo la columna vertebral de la continuidad familiar y cultural de estirpes y naciones

1) La incomunicación entre generaciones

Cada familia destila un ambiente único en el cual se cultivan modos de ser, gustos estéticos y sensibilidades morales características.

Donde se sofocan las relaciones padres/hijos, ese ambiente desaparece y los miembros de la familia se encuentran como un grupo unido por la fuerza de las circunstancias. Casi nada más. Pierde su identidad. Lo que queda se parece con los ocupantes del mismo palco de un teatro o del compartimento de un tren nocturno.

No habiendo comunicación, no hay transmisión de normas, costumbres, tradiciones familiares, sociales, culturales y religiosas. La sucesión generacional, la estirpe, se parte. Esta ruptura de linajes - sean de élite o populares- se verifica en todos los países donde entró la "teleadicción". Incluso en el Japón, nación que durante milenios mantuvo inalterada una fisonomía propia empapada de respeto por los antepasados.

Según el Dr. Keisuke Ebata, del Instituto de Investigación Psiquiátrica de Tokio, la transmisión oral de todo un bagaje cultural de los abuelos y padres a sus descendientes corre el riesgo de ser cortada totalmente por efecto de los abusos de la televisión.

"Dado que los chicos de hoy están cada vez más envueltos por la televisión -dice el Dr. Ebata- ellos tienen siempre menos contactos con

sus padres y sus abuelos los cuales tenían la costumbre de transmitir cuentos de hadas de generación en generación. Los programas para niños en la televisión han eliminado prácticamente los cuentos orales tomando ¿I lugar que éstos ocupaban otrora. Esos programas reflejan también una conducta cultural modeladora de los pensamientos y de los valores que dejan su huella tanto en el desarrollo del niño como en la formación de su personalidad ".(118)

El Dr. Ebata mostró que en los EE.UU. Como en Japón, el 64% de los cuentos televisados para niños tienen como tema la resistencia a la autoridad. Los grandes son caricaturizados como "malos" en lucha contra los pequeños y los débiles que los acaban venciendo.(ll9)

La rebelión entonces parecerá justa y digna de imitación especialmente cuando inspirada en los "héroes" de la televisión con los cuales el niño tiende a identificarse. Un Bart Simpson, Beavis & Butt-Head o los personajes de MacGyver que hicieron explotar su colegio, por ejemplo.

Según la mencionada encuesta de Children now en Los Angeles, para los adolescentes la pantalla chica retrata a los padres como "más bobos de lo

que son en la vida real". Katharine Heintz-Knowles, profesora de comunicación en la Universidad de Washington, estudió los personajes infantiles que aparecen en la TV y constató que "recurren a conductas antisociales muchas veces engañando a los padres".(120)

Desmoralizar a los padres, glorificar a los chicos que los desobedecen: el resultado no puede sino inducir a un conflicto entre generaciones contrario a los principios católicos y a los fundamentos de la Nación.

Lloyd N. Morriset, de la John and Mary R. Markie Foundation (EE.UU.), ha puesto de relieve la "revolución cultural" promovida por la televisión dentro del seno familiar. A tal punto los chicos son plasmados por el mundo de la televisión, que tienen dificultad para comprender el mundo de sus padres. Morriset observa que "cuando un chico que ha crecido junto a la televisión va a un lugar donde no hay, siente un choque cultural que en parte es análogo al que siente un adulto cuando debe abandonar su tierra natal para ir a un país extranjero e intentar vivir con costumbres diferentes en un medio ambiente diverso".(121)

Sin TV, el joven teledependiente se siente como en otro planeta. El pasado familiar le dice poco o nada, como si perteneciese a un universo extraño. Si problemas como éstos no son corregidos a tiempo, la acción corrosiva del veneno que lanza a los hijos contra los padres puede cavar con facilidad un foso entre generaciones dentro del propio hogar.

2) La identidad nacional amenazada

Lanzando a los hijos contra los padres y sembrando la incomprensión en el recinto doméstico, se destruye la base de la identidad de un pueblo. Esta acción demoledora es agudizada por la inoculación torrencial de elementos opuestos al modo de ser y a las culturas nacionales, que debilitan las convicciones, inducen estados de espíritu deformantes e intoxican las almas con impulsos desordenados y caotizantes.

El Dr. Paúl Vesin, responsable de la Comisión ''Niños y medios de comunicación" del Centro Internacional de la Infancia - CIÉ, París, alertó para el lado corrosivo de la transferencia masiva de valores encamados en tipos humanos que contradicen los principios de civilización fundamentales de cada nación. Vesin cita los trabajos realizados en Colombia por el Dr. Domínguez Benítez(122)

Este especialista analizó el contenido de los programas extranjeros emitidos en su país, en su gran mayoría proveniente de los Estados Unidos, al igual que en la Argentina. Constató que los jóvenes imitadores de los modelos "tendrán una propensión a la identificación con héroes extraños al país donde son recibidos. Más aún, los valores transmitidos por dichos programas, pueden entrar en choque con los principios del propio país. La identidad nacional, que se nutre de aportes culturales que reflejan las raices, la historia y las condiciones de vida del país, puede estar en peligro "(123)

El mismo Dr. Vesin deplora los daños que se está causando a una cultura del nivel de la francesa. Entre los estragos a la identidad nacional pone como ejemplo la "japonización" introducida por videojuegos y filmes de violencia sin parangón(124)

De esa forma, la inyección masiva de imágenes forjadas en laboratorios de la imagen a-nacionales, siembra la confusión y va haciendo desaparecer

las culturas e identidades históricas, psicológicas, morales y religiosas de un sinnúmero de pueblos. Empuja a las naciones que provienen del pasado glorioso de la Civilización Cristiana rumbo a una aventura utópica: la "aldea global" soñada por escritores como Marshall McLuhan, que los mismos medios tildan de "profeta de los medios de comunicación social". "Aldea global" o "planetaria", "civilización de la imagen" o "Babel electrónica", donde los medios imperarán con poderes absolutos...(125)

¿La disolución de la Argentina en un magma caótico y anti-natural planetario será el punto final de la obra de demolición de la familia y de la identidad nacional en curso?

3)La "teleadicción" daña más a las familias pobres o con problemas domésticos

Al hablar de ruptura de estirpes y de tradiciones culturales familiares se piensa, naturalmente, en las familias que constituyen las élites argentinas. Sin

embargo, éstas no son las únicas perjudicadas. En las categorías populares existen, en proporciones y grados diversos, tradiciones culturales y religiosas

que están sufriendo golpes especialmente devastadores, pues es natural que frente a esta ofensiva antifamiliar tengan menos medios de defensa.

Las familias de élite hacia las cuales las familias populares se vuelven normalmente a la búsqueda de modelos genuinos y adaptados, también están siendo corroídas por la misma ofensiva antifamiliar.

Durante un tiempo se creyó que las familias con problemas domésticos, de escasa instrucción o pobres serían beneficiadas por la televisión. Se esperaba que encontrarían un sano entretenimiento, que tendrían fácil acceso a la educación y a fuentes de información de provecho. Sin embargo, ha sucedido lo contrario, pues son ellas, precisamente, las familias más perjudicadas por los malos efectos de la programación actual y de la "teleadicción".

Francois Mariet, profesor de la Universidad de París, da testimonio de ello: "Los niños de los ambientes sociales dotados de un volumen de capital

cultural legitimo más débil son los mayores consumidores de televisión durante los feriados escolares. (...) Las familias mejor dotadas de capital cultural legítimo y, frecuentemente, también de capital económico aprovechan las vacaciones escolares para aumentar sus inversiones en capital cultural, (...)De esta forma, (...) mientras que los hijos de obreros se quedan mirando televisión, verdadera niñera de los más pobres, los niños más privilegiados hacen deportes, se ejercitan en la música, preparansus tareas para la escuela, leen o van a pasear. "

Para Mariet, "cuando una actividad alternativa interesante y accesible es ofrecida a los chicos, el consumo de televisión "tapa-baches" disminuye".(126)

Esto viene cargado de pesadas consecuencias páralos barrios-dormitorio, "villas-miserias", etc. En estos aglomerados, la influencia nefasta de la "teleadicción" agrava los malos efectos del igualitarismo social, de la ausencia de tradiciones, del desarraigo y del anonimato. El menguamiento de las obras de apostolado tradicionales, así como el apagarse de la presencia y del brillo de instituciones sociales y culturales -eclesiásticas, civiles o militares-, impide que se oponga un correctivo indispensable a esas carencias. La televisión queda como la única ventana abierta a un mundo supuestamente mejor. Pero el horizonte que esa ventana descubre está repleto de perversos modelos que de un modo creciente y sistemático estimula la manifestación de extremos de vulgaridad, de masificación y de proletarización. Ni forma ni recrea sanamente sino que excita apetencias insaciables e inalcanzables que degradan al pobre joven teleadicto, subvierten la familia y el orden social y socavan el fundamento de la civilización.

Chombart de Lauwe precisa: "Para los chicos de carnadas sociales desfavorecidas sobre todo, la TV es la base cultural primera. (....} Esto es grave para los que viven desarraigados de su pago natal, que vienen a habitar en barrios-dor mitorios, donde no existe ninguna imagen del pasado (señales arquitectónicas, ancianos del lugar), ni hay presencia de las diferentes actividades sociales, oficios y artesanías diversas... Hemos podido constatar que muchos de esos niños en esas circunstancias son incapaces de formar proyectos para su porvenir '(127)

Familia y cultura de un lado y "teleadicción" de otro, están en polos antagónicos. Los chicos bien educados tienden a ver menos televisión, y los que poseen menos instrucción y medios ven televisión en exceso y sufren una mayor caída moral y cultural.

Dice la Dra. Aletha C. Huston de la Universidad de Kansas (EE.UU.): "Cuanto más educado y más alto es el nivel profesional de los adultos, tanto menos las familias ven televisión. La gente de bajo nivel educacional propende especialmente a ver gran cantidad de programas de entretenimiento, comedias, novelas, series de acción y shows con juegos. Las familias con una educación más baja recurren menos a los medios de comunicación escrita (libros,diarios, etc.) que las familias mejor educadas, por lo que su ambiente comunicacional está mucho más exclusivamente centrado en la televisión '(128)

4)El círculo vicioso

Los males que afligen hoy en día al hogar, consecuencia de padres divorciados, de uniones esporádicas, de ausencia de la madre que trabaja fuera del hogar, de disminución del patrimonio familiar, etc., empujan a la dependencia televisual. Es una triste realidad: un aparato electrónico ocupa el lugar físico, afectivo, pedagógico de los padres ausentes y especialmente de la madre. El chico solo, como 'huérfano" de padres vivos y presentes, está listo para ser arrastrado a la "teleadicción".

A su vez, la "teleadicción" destrona a los padres, impone nuevos modelos, rompe los ritmos de vida familiares, aisla a los miembros de la familia y cava un foso entre las generaciones.

Es un verdadero círculo vicioso: cuanto más se debilita la familia minando su vida interna y atenido contra sus bases materiales, más aumenta la "teleadicción". Y cuanto más crece esta última, más merma la familia.

Por el contrario, los efectos nefastos de la televisión disminuyen cuando la familia conserva y enriquece sus tradiciones culturales y religiosas apoyándose en el sólido y legítimo fundamento de la propiedad.

Pues formar parte de una familia y poseer un hogar está intrínsecamente asociado a la propiedad del techo que alberga al grupo familiar. La propiedad del recinto doméstico y -cuando es posible- de la fuente del sustento familiar, confieren una justa sensación de plenitud y favorecen el desarrollo de la personalidad de los miembros de la familia. La institución familiar, entonces, se encuentra más protegida de los embates extemos y tiene condiciones para crear un ambiente propio con libertad y autonomía. Gracias a la propiedad, la familia obtiene los recursos proporcionados a su condición y puede ofrecer a sus hijos sanas formas de entretenimiento que los alejen de los males de la "teleadicción".

Por el contrario, vivir como un átomo aislado, sin familia, sin propiedad, en medio de una multitud anónima, sin historia ni tradición, da una sensación de vacío y aislamiento que está en la base de los males que hoy corrompen a la juventud.

5)La "revolución cultural" en el hogar

El productor de TV y actor Víctor Hugo Morales, reconociendo que "la televisión modificó los hábitos y las costumbres, sobre todo en el núcleo familiar" concluyó: "creo que forma parte de una de las revoluciones culturales más importantes de la historia '(129)

"Revolución cultural": la expresión está cada vez más en boga, pero con matices muy variados. Entró en el vocabulario comente durante la sangrienta

y fracasada "Revolución cultural" de Mao-Tsé-Tung en la China roja de los años 66-69. Se adecuó a Occidente y adquirió un timbre anárquico y festivo durante la rebelión estudiantil de Mayo de 1968.

Cuando se habla de revolución se entiende el derrocamiento de un gobierno y su substitución por las fuerzas políticas contrarias. Por analogía, una "revolución cultural" consiste en desplazar los principios, valores, modos de pensar, de querer y de sentir, normas de educación, costumbres de vida, de alimentación, de vestimenta, etc., que -todos juntos- caracterizan una cultura, para poner en su lugar los antivalores, costumbres y modos de ser opuestos.

Donde el padre es respetado, se lo ridiculiza; donde la madre es venerada, se la desprecia; donde los hijos son una dádiva de Dios, se los recibe mal o se los aborta; donde el matrimonio es sagrado, se lo profana equiparándolo, por ejemplo, a uniones homosexuales; donde impera la caridad y el amor mutuo, se siembra la indiferencia o el desprecio; donde se cultiva la caballerosidad y las maneras distinguidas, se introduce la vulgaridad y la grosería; donde reina el orden, se instala el caos; donde se respira el perfume de la catolicidad, se esparce el hedor de la blasfemia y de la irreligión.

Es una revolución provocada en la vida íntima. Y, en consecuencia, una revolución de las propias mentes que acarrea un desorden radical, diametral-

mente opuesto al verdadero Orden que consiste en la paz de Cristo en el Reino de Cristo. En pocas palabras, es lo que la programación actual de TV, como un caballo de Troya, inocula dentro de los hogares, en la cabeza de niños, adolescentes y adultos. (*)

El mundo es un espejo de la familia. Un mundo donde todo sucede como si se quisiese llevar a cabo semejante "revolución cultural'* es un mundo que se disgrega.

Veamos algunas cifras indicadoras de los efectos de la "revolución cultural" en la institución familiar. En 1990, el 58,1% de los niños argentinos nacieron fuera del matrimonio. En 1991, el número de mujeres que viven solas con la responsabilidad de un hogar era cinco veces mayor que en 1960.

Mientras tanto la tasa de nupcialidad cayó de 7,7% en 1970 a 4,7% en 1992.(130)

En la medida en que la "revolución cultural" entre en el hogar, el país no puede dejar de tomar un aspecto inhóspito, muy poco adaptado a las necesidades psicológicas de las generaciones de chicos y chicas de los cuales depende la Argentina del mañana.

Lecturas complementarias

Pío XII: La Iglesia jamás se cansará de luchar con todas sus fuerzas para que el santuario familiar no sea profanado por el mal uso de la TV
La familia: sus orígenes históricos remotos Fustel de Coulanges

 


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118) EBATA,Keisuke. "A comparative study of children's televisión programmers: American and Japanese", The Intemational Journal of Social Psychiatry, Londres, 1981,vol.27, nQ 4. pág. 301.

119) EBATA, art. cit, pág. 302.

120) "Jovens criticam má influencia da TV", Jornal do Brasil, 3/3/95.

121) MORRISET, Lloyd N., revisión Technology and the Culture of Childhood", Educational Researcher, American Educational Research
Association, vol. 2, nQ 12 diciembre de 1973, pág. 3.

122) DOMÍNGUEZ BENITEZ, M.J. Los niños y los medios de comunicación social", Bogotá, 1985.

123) VESIN Paúl, "Televisión et culture", fíéalités Familiales, nro 9, diciembre de 1988, pág. 24.

124) Id., ibid, pág. 24.

125) McLUHAN, Marshall, "Dalfocchio aforecchio", Armando Editore, Roma, 1982, 141 págs.

126) MARIET, Francois, "Les enfants et la televisión du mercredi", Revue Frangaise de Pédagogie, nQ 76, julio-agosto-septiembre 1986,págs. 39-40.

127) CHOMBARTde LAUWE, art. cit., pág. 167.

128) HUSTON Aletha C., "Infants, Toddiers, and Televisión", Paper prepared for the International Symposium "Infants in the Age of Televisión" Organized and
Sponsored by the Hoso Bunka Foundation, Tokio, Japón, 29/10/91. 11 págs., pág. 2.

129) 'Víctor Hugo Morales: 'No me gusta que la gente se embobe frente a la TV'", Clarín, 27/1/94.

*) Respecto a la "revolución cultural" es muy ilustrativa la declaración de Julio Márbiz, Director del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales: "La
televisión ha llegado a un grado de violencia que ya no podemos permitir: se mata, se roba, es tremendo. Y no hablemos de sexo. Llegarán a pasar películas pornográficas a las dos de la tarde. Cuando era chico escuchaba a Fioravantiy a Enzo Ardigó relatando partidos de fútbol, que eran brillantes. Tenían un lenguaje que me ayudaba a mejorar el mío. Y hoy oigo las groserías que dicen Marcelo Araujo y el señor Repetto. ¿Hay necesidad? Tinelli, burlándose de los ancianos..."
("La Nación', 30/7/95)

130) Datos proporcionados por Alejandro Piscitelli, sociólogo investigador becado del CONICET in "La trascendente unidad familiar", La Nación,30/11/94.

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