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ADICTO A LA TV

Dr. Omar López Mato

Cuando algún paciente me pregunta si el televisor daña los ojos, suelo responder que no, que el daño lo produce por detrás de los mismos. Si alguno, que no se percató de la sutileza, insiste en conocer las posibilidades terapéuticas para ese daño, aconsejo que apague el televisor porque el daño suele ser irreparable.

¿Sabe usted quien inventó el televisor?

A pesar de sus más de 50 años de existencia, de su fenomenal dispersión que causó uno de los mayores cambios culturales en la historia de la humanidad y de que muy probablemente, si usted tiene mas de 50 años seguramente se pasó casi 6 años frente a este aparato ¿Sabe usted quien inventó el televisor? Desde Guttemberg hasta Edison, pasando por Marconi, Newton y Galileo, la humanidad ha reverenciado la imaginación de los inventores, erigiendo estatuas y dedicando emotivos actos recordatorios. La palabra televisión, poco elegante neologismo que mezcla palabras de origen griego y romano, fue acuñada en fecha tan lejana como 1900 por Constantin Perskyi en el Congreso de Electricidad de París, personaje que popularizó el término pero no inventó el aparato.

Sin embargo, por este aparato poseído por casi la cuarta parte de la población mundial, nadie rinde ningún homenaje, ni recuerda con ofrendas florales la fecha de nacimiento o defunción del inventor ¿Será olvido? ¿Será un típico ejemplo de paternidad múltiple? ¿O será por vergüenza? En realidad, son una sucesión de descubrimientos que se remontan hasta 1804 cuando se descubre la capacidad fotoeléctrica del selenio, al televisor mecánico de Baird ó al televisor electrónico de Zworykin y después Fansworth.

La TV ejerce la atracción enfermiza sobre cualquier persona

Pero dejando de lado la historia, debemos admitir que existe cierto tipo de pudor para reconocer cuantas horas uno pasa frente al aparato bobo y generalmente todos confiesan menos tiempo que el que realmente pasan capturados por sus imágenes.

¿Por qué? Confesémoslo, la TV ejerce la atracción enfermiza sobre cualquier persona ¿Cuántos de nosotros podemos evitar mirar una pantalla aunque estemos gozando de una brillante conversación o entretenida lectura? La pantalla transmite un misterioso magnetismo, que nos obligará a dirigir nuestros ojos en esa misma dirección, aunque estén pasando una trillada publicidad.

¿Pero que es ese “magnetismo”, esa atracción ineludible que capta nuestra atención? La respuesta la dio Pavlov en 1927. Sí, Ivan Pavlov es el mismo del perro, la campana, la comida y el reflejo condicionado. Según él, nos ha quedado como parte de nuestra herencia evolutiva, cuando debíamos salir a cazar nuestra cena, una reacción visual ó auditiva ante un estímulo nuevo y brusco. Una forma de reacción que nos permitía orientarnos ante algo que no esperábamos. Esto nos permite huir ante el peligro o capturar más rápidamente nuestra presa. Pavlov llamó a esa reacción “respuesta de orientación”. Esta respuesta se acompaña de un aumento en la circulación muscular. El cerebro enfoca su atención estudiando al medio que lo rodea, mientras que el resto del cuerpo espera para entrar en acción.

En las Universidades de Stanford y Missouri estudiaron los trucos televisivos: cortes, zoom, paneos y ruidos sorprendentes, llegando a la conclusión que activaban esta “respuesta orientativa”. Esto explicaría en parte ese efecto hipnótico que ejerce sobre el televidente. Por ejemplo: se recuerda más, una imagen editada desde distintos ángulos que una fija. De allí la efectividad de los video clips -. Y aunque todavía no hay muchos estudios al respecto, lo mismo se puede decir de la computadora y los video games.

En 1997, 200 niños japoneses debieron ser hospitalizados bajo el diagnostico de “convulsiones epilépticas por estímulos visuales”, ocasionados por los fuertes flashes de un video juego de Pokemon transmitido por una cadena de televisión nipona. Anecdóticamente, se han registrado convulsiones en niños con antecedentes comiciales por mirar TV.

La adicción a este “chupete de la mente”

Existe aproximadamente un 10% de la población que confiesa su adicción a este “chupete de la mente”. Y aunque la palabra adicción suene fuerte, por la carga psicológica y cultural que implica – pensamos en un adicto como una piltrafa humana consumida por la droga. Por definición la adicción se utiliza en aquellos individuos que pasan más tiempo consumiendo una sustancia más de lo que habían planeado. El consumo los lleva a dejar de lado otros eventos sociales, familiares y ocupacionales, intentando periódicamente alejarse de ese consumo. Pero cuando esto pasa, manifiesta síntomas de abstinencia y necesita volver a consumir el producto en cuestión. Es curioso, al ratón se lo atrapa por el queso, a la trucha con la mosca, pero el ser humano queda atrapado por sustancias que no le son indispensables para su existencia: uno puede vivir sin alcohol, uno puede vivir sin drogas, y uno puede vivir sin televisión).

Al igual que el adicto necesita imperiosamente una nueva dosis, nuestro “TV adicto” requiere sentarse por X cantidad de horas (lo “normal” estadísticamente son 2 horas diarias, por lo que una “dosis” de 3 horas para arriba entra al campo de la adicción) provisto de su control remoto – maravilloso invento que nos otorga el superlativo poder de hacer aparecer o desparecer de nuestra vista las imágenes mas maravillosas ó las más aburridas.

Decía Orson Wells: “Odio el televisor como odio al maní. Pero no puedo dejar de comer maní.”

Y así esta dualidad de odio-amor, de necesidad y rechazo, de autoindulgencia y remordimiento tiñe nuestra relación con este aparato.

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