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Cultura Popular, Religiosidad y Sequía

La religiosidad popular y nuestras fuentes cristianas pueden obrar milagros como el acontecido en Villa Ojo de Agua, al sur de Santiago del Estero, a poco de nuestra visita para asistir a las fiestas patronales

En el número 89 de nuestro Informativo, correspondiente al mes de diciembre de 2008, mostramos algunas actividades que –en concordancia con sus Estatutos– lleva a cabo la Fundación Argentina del Mañana, en lo que atañe a la promoción, difusión y defensa de los valores culturales y morales, específicamente en el apoyo a la cultura que vive y se expresa a través de la religiosidad popular.

Dijimos entonces que el Pbro. Alejandro Gordillo Salas, instruido por Mons. Francisco Polti, Obispo de Santiago de Estero, en el sentido de restaurar el fervor religioso en la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Ojo de Agua, y tras una prolongada y adecuada catequización, había alcanzado unas brillantes y concurridas fiestas patronales tradicionales.

Aunque quien hizo todo fue Nuestra Señora, como aseveran cuantos empeñaron sus esfuerzos, el P. Alejandro contó con el apoyo de un grupo dedicado de parroquianas y jóvenes, con el concurso de religiosas Terciarias Isabelinas Franciscanas.

Pastoral de la sequía... espiritual
A nadie escapa la grave sequía que está padeciendo nuestro país y que ha repercutido gravemente en la economía nacional ocasionando verdaderos estragos en los mercados regionales. El daño padecido por los productores ha sido enorme al sumarse a las desacertadas medidas intervensionistas y retenciones impositivas confiscatorias que el gobierno ha venido adoptando, las cuales determinaron el estallido de la crisis del campo en marzo de 2008.
El recurso al socorro celestial, que forma parte de la religiosidad popular, fue adoptado por el padre Gordillo relacionándolo con la que acertadamente denominó “sequía espiritual”.

“Sequía espiritual”, claramente manifestada en el alejamiento de buen número de almas de las enseñanzas la Iglesia y la práctica de la Fe, y en el relajamiento de las costumbres de sectores considerables la sociedad, en la abulia y la desidia en la que ha caído buena parte de nuestra juventud, en las tendencias que se han arraigado, incentivadas en buena medida por los medios de comunicación –con la televisión e internet a la cabeza– entre tantas más. Esa sequía, según el párroco de Villa Ojo de Agua, reclama en primer lugar, una conversión interior.

Echo prodigioso
Así en plena catástrofe natural, es decir, la gran sequía, el padre Gordillo organizó una novena para implorar que lloviese en aquella región tan necesitada. Rezada que fue la misma, en medio de las predicaciones y el incremento de las confesiones, se ofició una misa especial en la que se rogó por la lluvia, siguiendo a continuación, una procesión en la que tomaron parte más de mil quinientas personas.

Como afirma el semanario “Cristo Hoy” en su edición del 22 al 28 de enero, al mejor estilo Corpus Christi, el Párroco encabezó la multitud portando bajo palio la custodia con el Santísimo Sacramento, a través de las calles de Villa Ojo de Agua y finalizada la misma, bendijo a los presentes.

Culminó con una significativa bendición al propio cielo, siempre implorando por esa lluvia que los pobladores de la región necesitaban imperiosamente.

Para sorpresa y consuelo de todo el mundo, dos días después un considerable aguacero se abatió sobre la localidad y sus alrededores, trayendo alivio a los productores rurales de aquel sector del sur de la provincia de Santiago del Estero, esto mientras los municipios y comarcas vecinas continuaban padeciendo la escasez de precipitaciones, algo que el Servicio Meteorológico Nacional vaticinaba para lo que quedaba de enero y todo febrero y marzo

Para la reflexión
Lo acontecido en Villa Ojo de Agua nos mueve a la reflexión. ¿Es necesaria una catástrofe como la sequía que padece buena parte de nuestro país para tomar conciencia de lo que nos ocurre y regresar a nuestras fuentes cristianas? Al menos, en la distante localidad santiagueña, como en otros puntos de nuestra geografía, en especial el Gran Buenos Aires, es evidente una vez más que el fervor religioso obra prodigios y el clamor de los creyentes tiene pronta respuesta.

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