La Fundación Argentina del Mañana presente en La Liga
Yo nunca lo veo, pero haciendo zapping …
La Fundación Argentina del Mañana aceptó la invitación –formulada
parcialmente– a participar del programa “La Liga” que emite Telefé.
La repercusión alcanzada ofrece lugar a
un análisis del cual sacar frutos.
Primero: ocultación; el pedido de participación fue para responder sobre el aborto, desde una posición defensora del orden natural y a partir de la visión católica. En el curso de la entrevista grabada en nuestra sede, “apareció” otro tema: el insólito matrimonio entre personas del mismo sexo.
Segundo: las proposiciones que negaban el orden natural “merecieron” espacios preponderantes. La de la Fundación y otras de iguales principios vieron poco aprovechado su tiempo de grabación pese que en nuestro caso fueron 140 minutos.
Tercero: favoritismo; hábilmente se trataba de llevar al interlocutor hacia situaciones antipáticas. Así, contrapreguntar: ¿Para usted una mujer que quiere abortar es una asesina? por ejemplo, eludiendo que abortar es matar deliberadamente a un ser humano indefenso, en el vientre de la propia madre.
Cuarto: escamoteo de la verdad; característica la forma por la que la legisladora Diana Maffia se refería a proyectos de ley… haciendo caso omiso del hecho que la Constitución Nacional, desde la Reforma de 1994 e incorporación de los Tratados Internacionales, dejó sin efecto las cláusulas eximitorias de pena en ciertos casos de aborto, e impiden legislar tanto sobre el homicidio pre-natal como acerca del “asesinato digno” (eutanasia). Otra clásica substracción de la verdad en parte fue empleada por “Marta”, de una tal “Red Católicas por el Derecho a Decidir” (sic), reduciendo que la conciencia es la regla próxima de la moral, y callando que esa conciencia es subjetiva y sujeta a error, lo que no sucede con la verdad objetiva de la ley moral revelada, esta sí infalible y a la cual la conciencia se debe sujetar, amorosamente.
Quinto: lo natural surge instintivamente. Tanto la “Militante pro-aborto” Gabriela Adelstein, como la resignada “Andrea”, dejan claro el impacto sufrido pues al recobrar los sentidos tras el abominable crimen, lloraban y gritaban. Y son dignas de resaltar las respuestas instintivas de quienes consideran imposible la educación de un niño por “dos papás” o “dos mamás” en las de entrevistas “en la calle”.
Sexto: intolerancia. Acosar a quien opina conforme a la naturaleza es norma practicada en las entrevistas de esa emisión. Baste ver el hostigamiento a quienes se horrorizaban ante la idea de niños criados por pares de igual sexo. Y llega al extremo con dos mujeres jóvenes que, por error, estaban a punto de ingresar en un local frecuentado por personas que tienen preferencia por el mismo sexo. Informadas, las muchachas se escandalizan y comentan que siendo así se retiran. La periodista de turno comienza a acuciarlas con preguntas intencionadas, ante frecuentadores del lugar. Las dos dan su parecer y un individuo corpulento entre los concurrente a tal ambiente, demostrando su malestar e intemperancia no preparada para las contrariedades, impone su físico y agrede de palabra a la joven diciéndole que debía “abrir la cabeza” y que “no tenía cerebro”.
Séptimo: Pretensión de derecho; Derecho es la facultad del ser humano para hacer legítimamente lo que conduce a los fines de su vida. Pero los organizadores del programa pretenden insensatamente constituir “derecho” la eutanasia,
la “reasignación de sexo”(sic), el aborto, el casamiento entre personas del mismo sexo…
Habría otros puntos para analizar si dispusiéramos de espacio. El eco más repetido es que valió la pena haber participado y poder dejar una explicación clara de la verdad natural.
Lo más grave: una profunda inquina contra la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, y una contumaz insurrección contra la naturaleza. Llega a la mentira desfachatada al “culpar” a la Santa Madre Iglesia de imponer costumbres… cuando estas ya las había revelado el mismo Dios al pueblo judío. ¡Claro!, es políticamente incorrecto declarar que todas las culturas que incurrieron en esos atentados a la naturaleza, desaparecieron de la Historia, y en cambio, siguiendo la Ley de Moisés los judíos esperaron la llegada de Nuestro Señor Jesucristo, quien no vino a abolir la Ley ni los profetas, sino a confirmarla… y gracias a Dios esa antigua y perenne enseñanza forjó nuestra Civilización.
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