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Materia de grave actualidad:
La impregnación audiovisual en los chicos

De los dibujos animados a los noticieros, y desde los avisos publicitarios a los videojuegos: por todo el mundo, las pantallas entraron en las casas, y los niños están inmersos en un flujo de imágenes que los alcanzan hasta antes de que sepan hablar. ¿Qué impacto tienen estas imágenes sobre su desarrollo, sobre su vinculación con la realidad, sobre el modo como ellos crecen o forjan sus referencias?

La pregunta ha sido abordada bajo el ángulo de las imágenes violentas, de las que pueden incluso traumatizar a los más jóvenes. Y no dejamos de subrayar aquí la importancia de advertir a los padres en lo que atañe a “proteger” a sus hijos.

La realidad social ya es virtual antes de ser humana.
Pero más allá de su contenido, los especialistas comienzan a interesarse por el tema de la impregnación audiovisual, cada vez más intensa y cada vez más precoz.

Hoy, para un chico, la realidad social es primero virtual antes de ser humana.

¿No es verdad que hoy un niño se vé en la pantalla más que en el espejo de la mirada de sus padres? subraya el psicólogo y psicoanalista Martine Fourré. La imagen provoca en el niño sensaciones de sonidos y de colores que la realidad no siempre conseguirá darle. Y es tocado afectivamente por sentimientos que muy frecuentemente no vivió.

Dejar tranquilo al cerebro de los bebés y
no someterlo a relaciones virtuales

Además, programas de televisión para bebés han dado ocasión para poner en evidencia los riesgos que se corren exponiendo a niños de menos de 3 años a la fascinación de las pantallas.

El psiquiatra pediátrico Claude Allard (autor de El Niño en el Siglo de las Imágenes) es de los que dieron la alarma. «El cerebro del bebé está en pleno desarrollo, dice; sus conexiones están poniéndose en sus lugares. ¡Es importante dejar tranquilo al cerebro de los bebés! y permitirles descubrir por sí el mundo, con sus sentidos, su tacto … »
Por otra parte, añade Allard, el afecto del niño se elabora en sus primeras relaciones con sus más allegados; por eso, es primordial para su desarrollo relacional y afectivo, no someterlo demasiado temprano a relaciones virtuales.

Otro tema sobre el que la Fundación Argentina del Mañana hace mucho advierte: el tiempo pasado por los niños delante de las pantallas aumenta regularmente.

De la televisión a la computadora, deambulando por el teléfono celular o la consola de juegos, hacen multisoporte la familiaridad con las imágenes, lo que convierte el tema de la impregnación audiovisual aún más primordial.

El control de los adultos
Este tiempo pasado por los niños delante de las pantallas, asume un impacto sobre su vinculación con la realidad y sus lazos con los demás, aún no medida.

Cada vez más vemos niños agitados, que padecen dificultad para concentrarse en clase, porque toman un modo de pensamiento más “operatorio”, observa Claude Allard. Vemos también adolescentes que se portan como en los videojuegos, que no responden a las preguntas que se les plantean, o adoptan comportamientos esquivos, como si lo que los tocaba realmente debiera ser evitado.
La psicoanalista Jeanne Lafont evoca los peligros de una inmersión demasiado grande en lo virtual. ¡Para comprender la construcción de la realidad, hoy somos obligados a saber de los chicos cómo y cuando ellos ven televisión!

Muchos la ven en su habitación en plena noche: la TV los alivia o los consuela, cuando necesitarían ser acompañados hasta allí por un ser humano. Algunos aprenden a hablar con la televisión: las primeras palabras que pronuncian son recogidas de slogans publicitarios.

La influencia de las pantallas sobre las referencias o marcos, y los modelos que ellos se forjan a través de las series televisivas o los mensajes publicitarios, sin lugar a duda está siendo subestimada. Piensa Claude Allard que esta influencia es más fuerte en las familias desquiciadas, cuando los chicos están entregados a ellos mismos y donde se les proponen pocas referencias positivas para hacer de contrapeso: entonces, el niño va a refugiarse en este universo de las imágenes, que se convierte un poco en su tercer progenitor.

Si es verdad que las pantallas ocupan el papel de niñera, también lo es que el control de los adultos sobre lo que ven los chicos, se hace cada vez más aleatorio. La multiplicación de la TV por cable y satelital muda el paisaje audiovisual pues cuando se dispone de 300 canales, y millares de imágenes que llegan vía internet, es difícil para los padres orientarse.

Niños abandonados
frente a las imágenes.
Esta soledad de niños entregados a imágenes que no dominan, ha sido materia del coloquio organizado por el Colegio Internacional de la Adolescencia el 13 de diciembre de 2008, en París.
Según Florian Houssier, psicólogo y psicoanalista: “El impacto de las imágenes no puede disociarse de aquel que las recibe y del medio ambiente en el cual se encuentra, en particular su familia”.
El problema está en que, a menudo, se abandona al niño ante imágenes que pasan demasiado rápido con relación a su capacidad para asimilarlas, o que lo excitan porque no llega a encontrarles un sentido. Es importante que haya un adulto para traducir, ayudar a comprender, poner en palabras que el niño pueda vivenciar. Frente a esta abundancia de imágenes, añade, también los adolescentes necesitan un acompañamiento y quien les fije los límites.
Estos temas se ponen más agudamente aún en los países en vías de desarrollo cuando sea mayor el foso existente entre las imágenes recibidas y el medio familiar y social.

Los padres y los educadores son
deslegitimados
Precisa Martine Fourré una consecuencia de esta intrusión de imágenes en la vivencia sensorial de los niños: los padres y los educadores son deslegitimados en su obra de la transmisión del saber.

Así como lo hacen delante de las pantallas, son los niños quienes deciden. “Se tornan todopoderosos, al determinar entre lo verdadero y lo falso, al producir otra ‘familia’, al no soportar ninguna frustración, ninguna ausencia porque la televisión llega a abolir el tiempo y alabar la posesión (de cosas), a no saber más ni soñar ni simplemente jugar, sino apenas reproducir lo que vieron por televisión. Para ellos, la tele, la publicidad, el jet-set dijo “esto”, y entonces a ningún adulto le será legítimo decirles que sea “esto otro”.

Numerosos padres de familia acaban por ser despojados de su responsabilidad, dado el poder que ejercen sobre sus hijos estas imágenes que llegan desde de otros contextos por la televisión o internet, y transmiten modelos o valores alejados de su medio, de los que se impregnan sin defensa.

REFERENCIAS: La Cruz, 14/01/2009; 21/11 y 30/10/ 2008.

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