Usted puede hacer de la
ley de radiodifusión un tema
Viene haciendo camino el Proyecto de Ley de Radiodifusión que el Gobierno nacional continuamente está por enviar al Congreso.
Y viene también haciendo camino la reacción de la sociedad organizada, que a pesar de las “audiencias” impulsadas a lo largo del país, son más publicadas que públicas, si consideramos la índole y número de los asistentes.
Lo que falta y lo que sobra
Falta lo más importante, el fin al cual se deben dirigir todos los esfuerzos; falta el destinatario. Particularmente falta la opinión de los responsables de la educación, o sea los padres de familia, y quienes imparten la instrucción que complementa esa educación familiar, los maestros.
Son los padres quienes pueden hablar del descontrol de la televisión argentina, en este momento abandonada a su desvarío por la autoridad. Son los maestros quienes pueden decir la de-formación que sufren sus alumnos por parte de esta contra-escuela.
Pero esos temas poco aparecen, cuando las exposiciones orientan al control de los medios de radiodifusión y televisión por parte del partido gobernante y sus organizaciones adeptas.
Origen de la actual ley 22.285.
El argumento más reiterado para urgir el cambio de marco legal es que se trata de “una ley de la dictadura”. Se pretende olvidar la serie de reformas que en el régimen constitucional validaron su contenido, y que partes entre las más criticadas, como las que indujeron el ingreso de capitales extranjeros a los medios argentinos y facilitaron la “concentración”, entre otras medidas, fueron las tomadas por un gobierno justicialista, constitucional.
Control Presidencial
Simplemente incomprensible es el destino de la autoridad de control. No extraña que en un gobierno ejercido por militares, el control de la radiodifusión se haya colocado en el área del Poder Ejecutivo; al fin y al cabo las fuerzas armadas consideran a las comunicaciones un “arma”, al par de la caballería, infantería y artillería, y no un “servicio”.
Pero, en un gobierno que se pretende representativo, ¿hay alguna incongruencia mayor que mantener el control de las comunicaciones en la propia Presidencia de la Nación?
¿No es el caso de crear una “Defensoría del televidente”, con participación de ligas de amas de casa, academias de educación, representantes de la política, el campo, el comercio, la industria, etc., o dejarla en manos de la propia Defensoría del Pueblo, u otro organismo autónomo de la política de turno?
Manejo de la Publicidad del Estado
Gravísimo tema no convenientemente aclarado, y ocasión de corrupción y/o totalitarismo, es la distribución de la publicidad oficial, porque si bien en principio se trata de un instrumento legítimo para que el Gobierno dé a conocer sus actos, su distribución puede premiar o castigar según se quiera.
Una cuestión previa al debate de cualquier proyecto de ley de radiodifusión
¿Cuáles han sido los resultados y los efectos de los medios de comunicación social y de la industria del entretenimiento en nuestro país? ¿No es evidente que mucho de lo que se transmite, de varias formas, a las casas de millones de familias en todo el país, es destructor? Porque teniendo en cuenta el gran influjo que ejercen los medios de comunicación social para modelar la cultura, esto atañe a todos los que se interesan en serio por el bienestar de la sociedad. Apliquemos la máxima “por sus frutos los conoceréis...”.
Incluir como eje del debate, en palabras de S.S. Banedicto XVI, el apelo a los responsables de la industria de los medios de comunicación social, para que impulsen a los productores a salvaguardar el bien común, sostener la verdad, proteger la dignidad humana individual y promover el respeto a las necesidades de la familia, ¿no es fundamental?
Usted puede hacer de éste un tema.
Todos seremos responsables, por acción o inacción, ante esta cuestión de la que en gran medida depende el mañana de la Argentina.
Como nuestros adherentes ya saben, la Fundación Argentina del Mañana está desde su creación en el embate, y con el concurso de otras organizaciones, cooperando para que, paso a paso, la sociedad sea alertada.
Pero cada uno tiene ocasión de hacer de éste un tema vivo. ¿Omisión u ocasión? Depende de todos nosotros.
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