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En
la publicidad
Para ser eficaces,
¡alejarse de la transgresión!
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“los
abusos de un recurso muy de moda, la transgresión,
exponen a los anuncios a críticas y rechazos
de vastos sectores de público”.
(“La Nación”, 22-2-05) |
Los
objetivos de un aviso comercial se frustran, afirma el especialista
en publicidad Alberto Borrini, cuando “los abusos
de un recurso muy de moda, la transgresión, exponen
a los anuncios a críticas y rechazos de vastos sectores
de público”.
(“La Nación”, 22-2-05)
Lejos
de la vulgaridad
Gana
cada día más fuerza la idea de que la publicidad
no debe imitar a los programas de televisión ni ser
tan grosera como algunos. Lo que conviene, insisten, es “quebrar
ese clima para diferenciarse y ganar en efectividad”.
“Muchas veces, afirma Borrini, los programas
más provocativos son los más tentadores para
los anunciantes”, pero, tal como ha sustentado
siempre la Fundación, los empresarios deben “considerar
también el contexto en que se insertan sus avisos,
porque puede resultar perjudicial para la imagen de sus marcas”.
Un mal negocio
Las infracciones, además, pueden resultar un pésimo
negocio.
Fue el caso de Benetton. Sus campañas figuraron mucho
tiempo entre las más provocativas hasta que una referida
a sentenciados a lapena capital en los Estados Unidos dio
origen a un boicot a la marca promovido por los familiares
de las víctimas de los condenados.
Luciano Benetton “decidió dar marcha atrás
y despedir al inspirador de su publicidad, el fotógrafo
Oliviero Toscano”. Admitió también
que había perdido muchos “fans”
en razón de “un aviso muy cuestionado que
lo mostró desnudo”.
Mensajes que no terminan bien
El de la firma italiana “no es el único caso
de mensajes que no terminan bien y constituyen un derroche”,
continúa Alberto Borrini.
A título de ejemplo se refiere al de un juego para
niños en Inglaterra que terminaba con la frase “La
vida es corta. Jugá más”. Y en los Estados
Unidos, una marca líder de cerveza reconoció
“haber cometido un error al autorizar la emisión
de un aviso cuyo mayor impacto eran las flatulencias de un
caballo”.
El escándalo, concluye, “no es lo mejor que
les sienta a los productos y a las empresas, y a veces obliga
a levantar una campaña”.
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Si el escándalo y la transgresión no venden,
¿por qué se insiste con esa receta?
Es la pregunta que el articulista no responde.
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