Buenos
Aires, 17 de Mayo de 2003
Al
señor
Interventor en el SISTEMA NACIONAL DE MEDIOS PUBLICOS
Sociedad Del Estado
D.
Marcelo Simón
S / D
Señor
Interventor,
La
urgencia en comunicarnos con Vd resulta de las llamadas
telefónicas hechas a esta Fundación por adherentes
perturbados ante la intolerancia puesta de manifiesto
por LS82 Canal Siete de Televisión.
En
efecto, Sr. Interventor, no resulta comprensible que
desde un ente público, dependiente de la Secretaría
de Cultura y Comunicación de la Presidencia de la
Nación, se hieran las más nobles convicciones y sentimientos
de la mayoría de los habitantes del país.
En
la programación del día de la fecha, irónicamente
comenzada con la emisión de "María, Esperanza del
Mundo", se anuncia para las 22:00 hs la transmisión
de una --a varios títulos-- desafortunada película
española, "Así en el cielo como en la tierra".
Hay
actos que, por sí y en sí mismos, independientemente
de las circunstancias y de las intenciones, son siempre
gravemente ilícitos por razón de su objeto. Es el
caso de la blasfemia. Rebajar en lugar de adorar a
Dios Nuestro Señor es desatinado -a decir lo menos-
ya que la irreverencia, el menoscabo, la manipulación,
constituyen una forma de blasfemia burdamente agresora.
Entre
los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza
de la persona humana, tenemos el derecho de recibir,
inclusive a través de los medios de comunicación social,
una información y una educación que respeten las dimensiones
morales y espirituales de la vida humana, en vez de
ver vehiculado un gravísimo insulto a Dios y una injuria
a todos los argentinos que nos honramos en profesar
la religión católica.
La
tolerancia, Señor Interventor, consiste en el respeto
a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando
son diferentes o contrarias a las propias. Así, no
vemos como dejar de señalar la intolerante posición
que asumirá la emisora del Estado a su cargo, proyectando
el enmarañado de burlas al cristianismo que trae esa
ya olvidada película..
Quienes
nos preocupamos con el mañana de la Argentina, no
podemos dejar de considerar, además, el efecto social
de una actitud como esta, precisamente en el medio
de comunicación que la ley pone en sus manos para
la emisión de programas culturales y educativos. Entre
ellos, obviamente las expresiones del arte que, como
cualquier otra actividad humana, no tiene en sí mismo
su fin absoluto, sino que está ordenado y se ennoblece
por el fin último del hombre.
Con
la esperanza en que dispondrá la substitución de la
proyección anunciada, nos ponemos a su disposición
saludándolo con la consideración que merece.