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Buenos Aires, 9 de noviembre de 2006
Señora Diputada
Otra vez aproximándose el final del año, es señalado a la Honorable Cámara de Diputados de la Nación pronunciarse apresuradamente —sin cumplir los tiempos reglamentarios y hasta sin despacho de comisión— en lo atinente a una cuestión declaradamente facultativa: la ratificación del Protocolo Facultativo de CEDAW, la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1), que llega con sanción del Senado.
¿Ley o atentado a la conciencia?
Como de suyo saben los Honorables Diputados, la legislación sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; es más, en la medida en que ella se apartase de la razón sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia.
Repárese que la autonomía de la esfera civil y política de la esfera religiosa y eclesiástica, nunca lo es de la esfera moral, y si acaso se proclamaren leyes injustas o tomaren medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. Como bien sintetizó S.S. Juan XXIII: “En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa” (2).
S.S. Juan Pablo II, en línea con la enseñanza constante de la Iglesia, ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la «precisa obligación de oponerse» a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, vale la imposibilidad de participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto (3).
Agreguemos a la referencia como para todo católico —precisamente a dos semanas de presenciar un enfrentamiento entre la convicción moral y la política— que “la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral” (4).
Substrato, matriz de identidad y cultura
Como bien evocaba el Subsecretario del Pontificio Consejo para los Laicos, Prof. Guzmán Carriquiry Lecour, en su aplaudida ponencia “Católicos y vida pública en América Latina” (el viernes pasado, durante el I Congreso de Evangelización de la Cultura: “Los Católicos en la Sociedad Civil y la Política” ocurrido en la Pontificia Universidad Católica Argentina), el patrimonio más precioso de América Latina es el don providencial de la bimilenaria tradición católica, que está en los orígenes de la formación de nuestro pueblo, substrato de su cultura, matriz de su identidad y unidad.
Pero por noble respeto a la veracidad , no se puede omitir que esta tradición católica es considerada como una anomalía por fuertes poderes transnacionales y sus variadas comparsas locales, que tratan de disgregarla, desvirtuarla, desarraigarla y arrasarla(5).
Así es pertinente reconocer, como enseñó S.S. Benedicto XVI en su Homilía de la Solemne Misa de Apertura de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (6) que: “La tolerancia que, por decirlo así, admite a Dios como opinión privada, pero le niega el ámbito público, la realidad del mundo y de nuestra vida, no es tolerancia sino hipocresía”.
Enfrentamiento con la opinión católica
Una exigencia planteada a los seglares católicos es, en efecto, que no pueden abdicar de la participación en las múltiples y variadas actividades económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinadas a promover orgánica e institucionalmente el bien común.
Es indispensable pues carear estas consideraciones con las reiteradas posiciones de varios militantes ideológicos desplegados en ese Comité del CEDAW, que ya han avanzado por encima de la soberanía de diversas naciones con imposiciones en materia de asesinato pre-natal, reingeniería social antifamiliar, difusión de la preferencia por personas de igual sexo, y abolición del básico derecho individual a la objeción de conciencia, todas ellas en frontal oposición a principios religiosos y éticos que, por su naturaleza propia y papel fundacional de la vida social de nuestra patria, no son “negociables”(7).
En ése sentido ha alzado su voz la Conferencia Episcopal Argentina cuando, el 15 de marzo de 2005, se trató esta materia: “Nuestro compromiso a favor de los derechos de la mujer no puede depender de acuerdos o recomendaciones que pretenden garantizar la práctica del aborto como un servicio público. A este propósito advertimos particularmente a nuestros legisladores sobre el peligro de dependencia cultural que entrañaría la inminente ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW”.
¿Causar una “emergencia de conciencia”?
Si los H. Diputados Nacionales toman la prensa de hoy (8), se depararán con un país cuyas propias autoridades constituidas juzgan verse sumergido en una emergencia económica, una emergencia en materia sanitaria, una emergencia en materia alimenticia, una emergencia en materia de armamento . . .
Con respetuosa franqueza, ¿es prudente en tan crítica situación del país, causar una emergencia de conciencia?.
Emergencia de conciencia , sí, porque una exigencia planteada a los seglares católicos es que no pueden abdicar de la participación en las múltiples y variadas actividades económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinadas a promover orgánica e institucionalmente el bien común.
Dejar sometido nuestro país a los agraviantes dictados de un Comité que fiscaliza supranacional y administrativamente el cumplimiento de interpretaciones de la Convención, cuyas recomendaciones pasarían a ser mandatos que el país ha de incorporar a su legislación, por encima de nuestros poderes legislativo y judicial, ya no sería inadmisible.
Pero sobre todo la artera invasión del asesinato intrauterino, nada menos que “habilitado por ley”, Señora Diputada, constituye inevitablemente una afrenta a los profundos principios cristianos de la Nación, que bien puede suscitar una grave conflicto de conciencia, en momentos en que el país continúa convulsionado y sumergido en una de las mayores crisis de su Historia.
Señora Diputada de la Nación: esta Fundación Argentina del Mañana, compuesta por meros seglares que actúan en nombre propio en la sociedad civil, se ha vuelto órgano de repercusión de la vigorosa opinión pública no publicada. Precisamente por esa condición de eco de la voz de los sin voz, puede cooperar con la sociedad al auscultar las expresiones del sentir de una vasta franja de nuestra población.
No podemos dejar parecer que nos hayamos olvidado de los derechos de Dios Nuestro Señor a ser obedecido; inclusive pedimos se cumplan al decir “Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”. Pero, aunque inferiores , las razones expuestas de suyo ya sobran para fundamentar nuestro llamado de atención. Quede manifiesto que, al no ser un partido político sino expresión de la comunidad organizada, nos mueve apenas la defensa de los principios determinados en nuestros Estatutos y el ánimo de patriótica y cristiana colaboración, en este caso con el Poder Legislativo
Así, por los adherentes de la Fundación Argentina del Mañana solicitamos a Usted como Autoridad un momento de serena reflexión seguido de la convocatoria a una serie de reuniones de amplia consulta, y peticionamos desde ya No ratificar el Protocolo Facultativo en cuestión, al par que hacemos propicia la ocasión para saludar a la Señora Diputada con la alta consideración que merece.
Martín Jorge Viano |
Juan Carlos Voiseau y Jardón |
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Presidente del Consejo de Administración |
1- CD-0241/06 (01/11/2006) (PP=) PROYECTO DE LEY EN REVISION. Por el cual se aprueba el Protocolo Facultativo de la Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer
2- en la Carta Encíclica Pacem in terris nº 51
3- Carta Encíclica Evangelium vitæ, n. 73.
4- Emncia. Revma. Joseph Cardenal Ratzinger; Nota Doctrinal Sobre Algunas Cuestiones Relativas al Compromiso y la Conducta de los Católicos en la Vida Política; 24 de noviembre de 2002
5- ver Prof. Guzmán Carriquiry Lecour; Subsecretario del Pontificio Consejo para los Laicos; Ponencia “Católicos y vida pública en América Latina”; 3 XI 2006; I Congreso de Evangelización de la Cultura: “Los Católicos en la Sociedad Civil y la Política”; Pontificia Universidad Católica Argentina
6- Basílica Vaticana, Domingo 2 de octubre de 2005
7- Emncia. Revma. Joseph Cardenal Ratzinger; Nota Doctrinal citada.
8- Vgr.: La Nación, 9.11.2006, sección Política, pág. 10, y sección Información general, pág. 23.
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