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Una
Revolución Moral:
la ofensiva homosexual
A partir de la aceptación de las “uniones
civiles” entre personas del mismo sexo por parte
de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en 2002,
en otras provincias se desencadenó, con el mismo
propósito, otra fuerte ofensiva mediático-política
destinada nuevamente a legalizar similares “vínculos”.
Un arma psicológica
Es verdad que en un primer paso el articulado “lobby”
homosexual persigue el simple reconocimiento legal de
esas uniones, lo cual no pocos ven como un mero mecanismo
para la obtención de subsidios financieros y
atención médico-hospitalaria.
Ese primer paso cuenta, muchas veces, con el apoyo
de “idiotas útiles” y es utilizado
como una poderosa arma psicológica, que les permite
manipular la opinión pública y llevarla
gradualmente a aceptar la idea de que las prácticas
homosexuales, aunque “diferentes”, son absolutamente
normales y hasta recomendables.
Así, en el reconocimiento de la “unión
civil” debemos ver la primera fase de un proceso
que, a mediano plazo, les permitirá lograr la
legalización del “matrimonio” entre
personas del mismo sexo, y como en Holanda y España,
hasta la adopción de hijos.
Una revolución destinada a
cambiar la visión moral
Son muy reveladoras las declaraciones del activista
homosexual Paul Varnell en un artículo publicado
por el Chicago Free Press, en el que señala los
verdaderos objetivos del movimiento homosexual:
“La cuestión fundamental controvertida
sobre la homosexualidad no es la discriminación,
crímenes odiosos o sociedades domésticas,
sino la moralidad de la homosexualidad. Aunque los gays
obtengan leyes de no discriminación, leyes contra
crímenes por odio y beneficios de asociación
doméstica, esto puede hacer poco para contrarrestar
la condenación moral subyacente que continúa
enconándose bajo la ley (...) e inhibe la aceptación
social completa que es su objetivo.
“Por otra parte, si convencemos a la gente de
que la homosexualidad está totalmente de acuerdo
con la Moral, entonces su inclinación a discriminar,
dedicarse a golpear a los gays u oponerse al matrimonio
gay desaparece. Los jóvenes y adultos gays de
buena gana pueden aceptarse a sí mismos. Entonces,
el movimiento gay, lo reconozcamos, o no, no es un movimiento
de derechos civiles, ni siquiera un movimiento de liberación
sexual, sino una revolución moral dirigida a
cambiar la visión moral que la gente tiene sobre
la homo-sexualidad”.
En el mismo sentido se expresa SIGLA (Sociedad de
Integración Gay Lésbica Argentina) que
trabaja activamente por la aprobación de una
ley nacional de Unión Civil. “La gran revolución
del siglo XXI –afirma en su site– es que,
por primera vez en la historia, hay dos jurisdicciones
en Argentina donde podemos celebrar uniones ante el
Estado”. Esto significa, concluye, “un enorme
espaldarazo ante la sociedad, que por fin reconoce la
dignidad del vínculo entre personas del mismo
sexo (...) aunque todavía seguimos en desventaja
ante los heterosexuales unidos en matrimonio”.
Así, otorgándoles progresivos reconocimientos
legales, se irá acostumbrando la sociedad argentina
a la idea de que tales “parejas” constituyen
una “familia” y el proceso detonado por
esa “revolución moral” producirá
sus últimas devastaciones.
Este accionar de la red homosexual de presión
para hacer aceptables sus postulados se desarrolla en
dos campos: el de la opinión pública y
el Legislativo.
En la opinión pública
Consciente de la resistencia que encuentra en una sociedad
de raíz cristiana, el lobby homosexual se ha
propuesto demoler las convicciones morales y religiosas
que se le oponen a través de un sistemático
uso de los medios de comunicación, radio, televisión,
prensa gráfica e internet.
Basta encender el televisor y constatar que los homosexuales
“están instalados prácticamente
en una virtual cadena nacional de veinticuatro horas”
y que la programación se esfuerza para “sobredimensionar
lo gay y el travestismo” (Cfr. “La Nación”,
31-10-05 y 8-5-05)
En ese sentido, cabe destacar el papel de un programa
como “Los Roldán” para introducir
en los hogares el tema del travestismo (ver págs.
4 y 5).
En la legislación
Como ya dijimos, la aprobación de la “unión
civil” entre personas del mismo sexo en la Ciudad
de Buenos Aires, ocasionó que análogas
iniciativas fueran puestas en marcha en distintas provincias.
Ley similar fue aprobada en Río Negro y se
discuten normativas legales en las provincias de Mendoza,
Córdoba y Buenos Aires.
En el caso específico de Córdoba, fueron
presentados tres proyectos en este año 2005 por
los diputados Isabel Bianciotti (UCR); Liliana Olivero
(Izquierda Unida) y Zulema Hernández (Partido
Nuevo); Mónica Gutiérrez, Ricardo Fonseca,
Eduardo Fernández y Jorge Anselmo Valinotto (Partido
Nuevo).
Dichos proyectos contienen velados ataques a la doctrina
católica sobre la materia y representan un paso
decisivo para que en el futuro próximo se equiparen
legalmente las uniones entre personas del mismo sexo
con el matrimonio entre varón y mujer, aún
cuando insistan en que sólo pretenden evitar
toda forma de “discriminación” por
“orientación sexual” e “identidad
de género”.
Ud. puede protestar
Nos asiste la obligación de actuar para
evitar este grave daño al bien común.
Por eso ponemos a su disposición una herramienta
eficaz: exprese su rechazo enviando hoy mismo por correo
las tarjetas adjuntas dirigidas a los legisladores cordobeses.
Deber moral del político católico
“Si todos los fieles están obligados a
oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales,
los políticos católicos lo están
en modo especial, según la responsabilidad que
les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las
uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes
indicaciones éticas. En el caso de que en una
Asamblea legislativa se proponga por primera vez un
proyecto de ley a favor de la legalización de
las uniones homosexuales, el legislador católico
tiene el deber moral de expresar clara y públicamente
su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder
el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan
nocivo del bien común de la sociedad es un acto
gravemente inmoral”. (Consideraciones
acerca del proyecto de reconocimiento legal de la unión
de personas de un mismo sexo”, Nº 10, Congregación
para la Doctrina de la Fe, 3-6-2003).
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