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Casi sin llamar la atención, el texto “Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación” –aprobado por el Presidente Néstor Kirchner con el Decreto 1086/2005– puso en marcha una nueva ofensiva contra la identidad cristiana de nuestra nación.

Bajo el pretexto de evitar existentes o fantasmagóricas “discriminaciones”, ese “Plan” dictamina medidas legislativas, administrativas y jurisdiccionales peligrosamente redundantes y vagas, que van desde “propender a cambios estructurales que impliquen una sustancial redistribución del ingreso” hasta “garantizar la protección de la biodiversidad, limitando la tala masiva e indiscriminada...”

Un “plan maestro”
Envueltas en variables tan amplias, el Poder Ejecutivo vuelve a imponer al Senado la ratificación del Protocolo Facultativo del CEDAW “sin reservas ni cláusulas inter-pretativas”. Dicho protocolo no solamente es violatorio de nuestra soberanía, al someter el país al arbitrio del “órgano competente de control contra los estados incumplidores”, sino que considera como tales a quienes no se doblegan ante la imposición del asesinato intrauterino y la persecución de la fertilidad con políticas antinatalistas.

Como acertadamente denunció el Dr. Alberto Solanet, presidente de la Corporación de Abogados Católicos, el decreto presidencial constituye “un plan maestro” contra la familia que persigue “hacer efectiva la implementación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (...) propiciando el marco para un debate social sobre el aborto no punible”. (“AICA”, 18-10-05)
Otras alteraciones estipuladas con el decreto son simplemente descomunales en sus alcances y desastrosas en sus efectos.

Intervención en la escuela
El “Plan Nacional contra la Discriminación” es radical y meticuloso en sus objetivos, entre los cuales figura el “ejecutar una investigación sobre los manuales escolares destinada a identificar y analizar los estereotipos discriminatorios” y “elaborar una propuesta de modificación de las pautas lingüísticas, racistas, sexistas y homo-fóbicas”. ( No 163)

Desdeña además el derecho primario de los padres a la educación de sus hijos al proponer “garantizar la educación sexual en las escuelas” para que niños y adolescentes “puedan adoptar decisiones libres de discriminación (...) gozar de un nivel adecuado de salud sexual (... ) y prevenir el embarazo adolescente”. (No 164).
Ejemplo acabado de lo que se pretende son los proyectos de Educación Sexual actualmente en estudio en la Legislatura porteña que, por unanimidad, el Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires consideró “inicuos pues no tienen en cuenta el orden natural y proponen enseñar a los niños y jóvenes conceptos sexológicos desviados y permisivos que llevarán a la corrupción de cuerpos, mentes y costumbres”.

Nuevo concepto de familia
Más radical aún es el Plan al fijar insistentemente como propósito “garantizar ... la defensa y promoción de los derechos de las personas con diferente orientación sexual e identidad de género” (No 53 y otros), fraseado bajo el cual se da cabida a una ya identificada ideología antinatural, anticatólica y atea que busca “desconstruir” –o sea, reformular– la familia y, por ella, la sociedad misma.
Promueve además (No 19) la sanción de una “ley nacional de unión civil para parejas de un mismo sexo con garantías y atribuciones similares que las parejas hetero-sexuales” (parejas y no familias, nótese bien); y lanza la revisión de la Ley de Ejercicio de la Medicina para legalizar el “cambio” de sexo (Nº 21).

Con relación a las mujeres en situación de prostitución, determina “garantizar el derecho de asociación”, “jubilación y seguridad social” y “derogar los artículos de todos los Códigos provinciales y municipales con figuras contravencionales abiertas” . (Nº 17; 18)

Descristianización de la Argentina
Siempre coherente en la línea de subvertir radicalmente los ordenamientos jurídicos, las pautas y los usos culturales, el “plan maestro” reniega de las raíces cristianas de nuestra nacionalidad. Así, señala que persiste (¡sic!): “persiste aún el status privilegiado de la Iglesia Católica y los efectos materiales, directos o indirectos, que este hecho ocasiona”, para cuya extirpación propone replantear inclusive la Constitución Nacional (Nº 136).... ¡Tal vez anhelen hasta reformular toda la historia de nuestro país y asignarnos otro futuro, ese sin Fe!

Enorme poder para deformar la realidad social
El “Plan antidiscriminación” –con la radicalidad de un desdeñoso laicismo del siglo XIX que resulta artificial en este siglo XXI– se orienta a producir un cambio profundo en la mentalidad y en la realidad social argentinas.
La legislación “tiene un papel simbólico en el control de la lógica” –afirma expresamente en la pág. 257– se “estructura como discurso de verdad con respecto al funcionamiento social” y “ a partir de su legitimidad para designar lo que está bien y lo que está mal, lo que ’se debe’ y lo que ´no se debe’”.

“La fuerza del Derecho, concluye, radica tanto en la posibilidad de imponer comportamientos como en su capacidad de movilizar a los individuos en beneficio de una idea o de una imagen (...) con un enorme poder persuasivo que, por ese camino, da forma a la realidad social”.

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De las recientes elecciones han surgido las Cámaras que tendrán la delicada misión de formular y aprobar las leyes, magna tarea que aproxima el hombre a Dios, supremo Legislador, de cuya Ley eterna toda ley recibe en última instancia su validez y su fuerza obligante.

Es fundamental tener esa premisa en cuenta frente al empeño en trastornar toda la legislación con un verdadero tsunami de revolución cultural que se abate sobre la familia argentina, y que demandará testimoniar nuestra identidad católica, recuperar la firmeza en la Fe y evitar que la conciencia social se secularice y aparte a Dios de nuestras vidas.

De ahí que la Fundación Argentina del Mañana considere un deber advertir a sus adherentes sobre la gravedad de la situación y convocarlos, desde ya, a “velar y orar”, a mantenerse alertas y actuantes.

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