|
Campaña
oficial contra el SIDA
Paradojas,
arbitrariedades y
gravísimas omisiones
Al impulsar la aplicación de la
Ley de Salud Sexual y Reproductiva, a través
de una orquestada campaña publicitaria, el Ministerio
de Salud de la Nación arroga arbitrariamente
a organismos estatales el poder de intervenir en un
campo educativo específico de la familia, blanco
hoy de una revolución cultural que persigue una
profunda transformación de la mentalidad contemporánea,
en el sentido deseado por la ideología socialista
y su concepción filosófica atea, igualitaria
y libertaria
El Ministerio de Salud de la Nación dio nuevos
pasos para aplicar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva
que contempla la difusión de avisos televisivos,
radiales y gráficos, y la distribución
de 18 millones de contraceptivos, cuya compra costará
al Tesoro Nacional 5 millones de dólares.
Insisten los funcionarios públicos en llegar
especialmente a la juventud, inclusive los menores de
edad.
 |
|
|
| Dominio
de sí mismo, castidad, fidelidad y heroísmo,
valores que brillaron en el alma de Santa Gianna
Beretta Molla (1922-1962, foto der.), están
proscriptos en una campaña publicitaria que
acaba fomentando relaciones sexuales promiscuas,
caldo de cultivo de la expansión del SIDA
en el mundo |
Declaran como objetivo el advertir sobre el SIDA. Ya
que su transmisión es consecuencia directa de
determinados comportamientos, que el mismo Ministerio
reconoce al catalogarla como “ITS — Infección
de Transmisión Sexual” ¿por qué
no le preocupa la programación televisiva que
induce insistentemente a conductas sexuales promiscuas,
específica forma de contagio de lo que pretendería
detener?
Si el programa quiere “informar” ¿por
qué no advierte que la televisión se ha
transformado en una escuela de desinformación
perversa, ante la vergonzosa omisión del COMFER?
Una omisión gravísima
No puede tolerarse más el hecho de que las familias
y los jóvenes estén mal informados y con
seguridades falsas, como sucede cuando se incentiva
el uso del preservativo para evitar el contagio del
SIDA.
En realidad, de acuerdo a especialistas del mundo
entero, esto induce a muchos a multiplicar prácticas
sexuales promiscuas, imaginando que no serán
infectados. Así, pierden el miedo al contagio,
una de las pocas barreras que aún existen a la
expansión de esa terrible epidemia.
Además, y sin entrar en detalles, baste decir
que el acto sexual, a causa de sus aspectos pasionales
e instintivos y, a veces, por la ausencia de un mínimo
de autocontrol, comporta graves riesgos de contaminación,
durante y después del uso del preservativo.
Fue para contribuir a evitar el engaño de lo
que podría llamarse “una mentira asesina”,
que el gobierno norteamericano pidió al Centro
de Control y Prevención de Enfermedades que corrigiera
las informaciones equívocas sobre el preservativo
y el SIDA. Así, donde se mencionaba que los preservativos
eran “sumamente eficaces”, ahora dice: “Los
preservativos solo reducen el riesgo de contraer una
enfermedad de transmisión sexual. Sin embargo,
ningún método protector es 100 % eficaz,
y el uso del preservativo no puede garantizar la protección
absoluta contra ninguna enfermedad” (“ACI”,
22-12-02).
Función “misionera” del
Estado
El Estado se asigna una función “misionera”:
propagar una ideología antinatalista, abortista
y antifamiliar.
En efecto, el programa de Salud Sexual y Reproductiva
arroga arbitrariamente a organismos estatales el poder
de intervenir en un campo educativo específico
de la familia al incentivar a menores de edad, aún
contra la voluntad de los padres, a utilizar toda suerte
de anticonceptivos, y sin siquiera advertir sobre los
graves riesgos que conllevan para su salud física,
psicológica y espiritual.
Al omitir la castidad, la virginidad, la fidelidad
matrimonial y pre-matrimonial, los contenidos de estos
programas de Salud y Educación Sexual dejan en
evidencia que proscriben, de hecho, el VI y IX Mandamientos
de la Ley de Dios, así como la Ley Natural y
las enseñanzas del Magisterio Tradicional de
la Iglesia.
Hay aquí una paradoja, puesto que —como
dice el Cardenal Alfonso López Trujillo en su
reflexión “Los Valores de la Familia contra
el sexo seguro”— el Estado, que se proclama
neutral, permite la propaganda activa y la difusión
de anticonceptivos, ¡mientras que si adoptara
una campaña educativa sobre los valores (incluso
higiénicos) de la fidelidad conyugal sería
acusado de confesionalidad!
Y lo que está en juego es la familla, anterior
al Estado, cuya estructura nadie tiene el derecho de
modificar, blanco de una revolución cultural
que persigue una profunda transformación de la
mentalidad contemporánea, en el sentido deseado
por la ideología socialista y su concepción
filosófica atea, igualitaria y libertaria.
|