Frente a proyectos de educación sexual en curso en el Congreso Nacional La Paz Social Ante Una Cuestión
de Conciencia:
La Defensa de la Familia
Las Comisiones de Educación de la H.
Cámara de Diputados y del H. Senado de la Nación están abocadas en este final
del período legislativo a tratar distintos proyectos de ley sobre un mismo tema:
la educación sexual, sin que las fuerzas vivas, representativas de los sectores
sociales afectados, hayan sido informadas y escuchadas en cuestión de tal
importancia.
¿Por qué tanto apuro a fin de año?
¿Por qué tanta "discreción" si se trata tal vez de una materia tan grave para
esta legislatura?
ACCIÓN FAMILIA -una iniciativa de la
Fundación Argentina del Mañana- juzga su deber llevar a conocimiento de los
Legisladores y del público en general, un análisis profundo, vistas las
consecuencias que se deben temer de la aprobación de los Proyectos sobre el
PROGRAMA NACIONAL PARA LA EDUCACIÓN SEXUAL.
EL
ESTADO DESPLAZA A LA FAMILIA
Los proyectos en cuestión parecen
partir de un presupuesto falso: las familias argentinas serían incompetentes
como educadoras y hasta casi exclusivamente culpables del número de embarazos
adolescentes, abusos sexuales sobre los menores y del desborde de epidemias de
enfermedades venéreas.
Como consecuencia, se habría hecho
necesario delegar a vías administrativas del Poder Ejecutivo la elaboración de
contenidos y programas para una propuesta de adoctrinamiento sexual que afecta
lo más profundo de las conciencias y lo más íntimo y sensible de la vida
cotidiana de los habitantes de la Nación.
Resumidamente, estos proyectos
facultan al Poder Ejecutivo para forjar las costumbres y el modo de pensar de
niños y adolescentes respecto a la moral sexual y familiar. Es decir, el Poder
Legislativo conferiría al Ejecutivo el derecho de asumir una tarea casi propia
de una religión.
Actuando de ese modo el Estado
invade la esfera propia de la familia negando la patria potestad, e impone a los
menores de edad una visión peculiar de todo lo relacionado con la "sexualidad" y
la concepción de la familia.
La familia, sí, que precisamente es
excluida de la elaboración y articulación de los contenidos específicos
de la Educación para la Sexualidad y la Salud Reproductiva, a inculcar desde el
Nivel Inicial hasta la Universidad.
Es esto lo que tienen en común los Proyectos
analizados por las Comisiones de Educación sin consulta a la
población.
VIOLACIÓN
DEL NORMAL DESARROLLO PSICO-SEXUAL DE NIÑOS Y ADOLESCENTES
¿Cómo se realiza una educación
sexual integral acorde con la dignidad a que cada niño tiene
derecho?
En la vida de la propia familia.
Los valores morales vividos en
familia se transmiten más fácilmente a los hijos. En ella aprenden a amar en
cuanto son amados gratuitamente, aprenden el respeto a las otras personas cuando
son respetados, aprenden de modo verdaderamente humano y sencillo la recíproca
donación del amor conyugal del hombre y de la mujer, del cual provienen;
aprenden hasta a conocer al mismo Dios en cuanto reciben su primera revelación
de un padre y una madre llenos de atenciones y autores de sus vidas.
Esa es una formación acorde con la
dignidad como criatura humana de la mujer, del varón y de los niños, con respeto
a las delicadezas e intimidades, a los tiempos y al desarrollo psico-sexual
individuado.
Por sus consecuencias, los dos
proyectos que analizamos -y, dígase de paso, también el que tramita en la
Legislatura porteña- invaden precisamente esta realidad, imponiendo desde la
escuela una visión radicalmente diversa. Sin respetar en lo más mínimo el
derecho a la quietud sexual infantil, prevén que por vía administrativa el
Ejecutivo imponga que en las escuelas se enseñe, mejor dicho, se imparta el
adoctrinamiento de un subjetivo fundamentalismo sexual.
VIOLACIÓN
DEL DERECHO A LA INOCENCIA
En el desarrollo psicológico y
sexual de niños y adolescentes, es manifiesto un período de tranquilidad y de
serenidad.
En esta fase poco delimitable los
chicos no se encuentran en condiciones de comprender plenamente el alcance de la
sexualidad, sus fines específicos y el valor de su dimensión afectiva. No son
aún capaces de entender y controlar la imagen sexual en un contexto adecuado de
principios morales y, por tanto, de asumir con su responsabilidad moral una
información sexual que les es prematura.
Entonces, al pretender imponer una
información sexual antinatural, innecesaria, colectiva y fuera de lugar, en
general los programas de educación sexual perturban el desarrollo normal de los
niños. Literalmente violan la inocencia que los padres deben preservar, durante
la cual son ellos mismos los exponentes naturalmente implícitos de la
sexualidad, tácita pero presente.
Por ello, los efectos sobre los
niños de alguna información inoportuna, como de la pornografía y de todo lo
contrario a la naturaleza son de especial gravedad, ya que dañan su incipiente
sexualidad y, debido a su especial fragilidad, les impulsa con suma facilidad a
aberraciones.
Además, entre los otros aspectos de
la personalidad que también se van desarrollando, tiene aquí especial lugar el
gradual ejercicio de la disciplina -que prepara para todas las actividades de la
vida- incluida la castidad celibataria o matrimonial, por lo cual es
imprescindible preservar cautelosamente el derecho del niño a ser casto.
Los proyectos en cuestión abren las
puertas a que, a partir de una concepción totalmente diversa del orden natural,
siguiendo otra orientación sexual y en la perspectiva de género
(presumida como principio básico), se informe a los niños y
adolescentes que la sexualidad cambia según la edad y las personas, que se
construye, que puede ir optando por un rol, que la heterosexualidad,
la homosexualidad, el travestismo, el transexualismo, las relaciones niño-adulto
sin atender a las diferencias de edad, son opciones entre las cuales
pueden elegir... y volver a elegir, que se les informe que lo más importante es
cuidarse de tener hijos o de arriesgarse y contagiarse... que hay que
saber abortar.... que deben considerar natural lo que antes se condenaba
como antinatural... Evalúese bien lo que esto significa.
VIOLACIÓN
DEL DERECHO-DEBER DE LA FAMILIA
Los
padres están gravísimamente obligados a procurar con todo su empeño la
educación, ya religiosa y moral, ya física e intelectual, de su prole y a
proveer al bien temporal de la misma, en razón de la fecundidad la cual -con
todas sus consecuencias- es principio de vida, y de la autoridad, que es
principio de orden con todas sus exigencias.
Al ser principio de generación y de
vida, los padres deben serlo de todo aquello que se refiere al perfeccionamiento
de esa misma vida. De allí cuatro momentos o etapas, que corresponden al proceso
propio de la naturaleza en las relaciones de los padres con los hijos
engendrados: generación, desarrollo, progreso y perfección.
Los principios expuestos nos hacen
concluir que el hijo es antes de la familia que del Estado.
El paganismo "moderno" y el
estatismo -que no respetan las sociedades infrasoberanas que constituyen la
sociedad política- pretenden establecer una relación directa entre el individuo
y el Estado y llegan incluso a sostener que el hombre nace ciudadano y que por
esto pertenece primariamente al Estado.
Pero el hombre, antes de ser
ciudadano debe existir, y la existencia no la recibe del Estado sino de los
padres. Si queremos hablar con propiedad, los jóvenes entran a formar parte de
la sociedad civil no por sí mismos, sino por la comunidad doméstica en que
fueron engendrados y educados.
Hasta los Pontífices Romanos citan
por su claridad al respecto, una conocidísima sentencia de la Suprema Corte de
los Estados Unidos de América del Norte, del 1° de junio de 1925, cuando declaró
«...que no competía al Estado ninguna potestad general de establecer un tipo
de educación en la juventud...» y añadió la razón de derecho natural: «El
niño no es una mera criatura del Estado; quienes lo alimentan y lo dirigen
tienen el derecho, junto con el alto deber, de educarlo y prepararlo para el
cumplimiento de sus deberes».
Por esto y más, se comprende que la
educación, sexual inclusive, sea derecho-deber de los padres, esencial, original
y primario, así como insustituible e inalienable y que, por consiguiente, no
deba ser totalmente delegado ni pueda ser usurpado por otros.
* * *
No hay en realidad mucho de moderno
en esta posición de fundamentalismo sexualista subyacente en los proyectos de
ley que analizamos. Ya la confusión de la sexualidad y
la diseminación de la homosexualidad disolvió a la democracia de Grecia y su
cultura Roma fue fuerte mientras sus
familias fueron fuertes: su fuerza estaba mucho más en la familia que en el
Derecho y las Legiones. Al avanzar la decadencia moral y con ella las variadas
formas de inversiones sexuales, se desintegró.
LA FAMILIA: BLANCO DEL ATAQUE NEO-MARXISTA
En una sociedad ya muy golpeada por
una crisis moral profunda, el ataque a la familia subyacente en los proyectos de
ley de educación sexual, favorecerá una profunda transformación de mentalidad en
el sentido deseado por la ideología socialista y su concepción filosófica atea,
igualitaria y libertaria.
Ya en 1917 el socialismo marxista
hizo añicos la familia al reducir el matrimonio a una mera inscripción de
domicilio, liberar el aborto, apropiarse de la educación de los niños y privarla
del sostén de su propiedad.
Baste ver la "nueva generación" de
ciudadanos aptos para el socialismo en China, fruto de la revolución
cultural de Mao Tse Tung: nacen en medio de una sucesión de abortos, son
indistintamente homo u heterosexuales, sin hermanos, ni tíos, ni primos, y casi
sin mujeres... Constituyen el asombro de los psicólogos sociales: "desalmados"
ingredientes de la masa y no vivos integrantes de un pueblo.
Más recientemente, el socialismo y
sus compañeros de ruta, lejos de desaparecer, se maquillaron y optaron por un
cambio estratégico que favorece la realización de sus designios
ideológicos.
En esa perspectiva se encuadra la
disolución de la familia por la vía educativa y cultural.
En palabras de Dale O´Leary, autora
de numerosos ensayos sobre la mujer y participante en la Conferencia de Pekín,
la teoría del género se basa en una interpretación neo-marxista. Siguen a
Marx en que toda la historia es una lucha de clases que se resolverá sólo cuando
los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan una
dictadura de los oprimidos... también sexualmente. O´Leary agrega que Frederick
Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo en
su libro "El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado", escrito por
el pensador alemán en 1884. (Frederick Engels, The Origin of
the Family, Property and the State, International Publishers, New York, 1972,
pp. 65-66).
Los marxistas clásicos creían que
el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad
privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, se forzara la
entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en guarderías o
colegios y se eliminara la religión. Sin embargo, para O´Leary, los marxistas
fracasaron por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a
la familia.
Con ese objetivo, ahora los
"neomarxistas" relativizan la noción de sexo de tal manera que, según ellos (
véase por ejemplo Ann Ferguson y Nancy Folbre, "The Unhappy Marriage of
Patriarch and Capitalism", W&R, p. 80.), no existirían dos sexos sino más
bien muchas orientaciones sexuales.
Y ante la evidencia de que las
diferencias entre los dos sexos son naturales, los propulsores de la "nueva
perspectiva" no cuestionan sus propios planteamientos sino más bien atacan el
concepto de naturaleza. Así, sostienen que las diferencias de género son
mero fruto de una construcción social, y fuerzan a las personas a
liberarse de esos "roles de género socialmente construidos".
Christine Riddiough, en
"Socialism, Feminism and Gay/Lesbian Liberation", comprende la
importancia de cambiar las nociones naturales de sexo para subvertir la
sociedad: "La familia nos da las primeras lecciones de ideología de clase
dominante y también le imparte legitimidad a otras instituciones de la sociedad
civil. Nuestras familias son las que nos enseñan primero la religión, a ser
buenos ciudadanos; tan completa es la hegemonía de la clase dominante en la
familia, que se nos enseña que ésta encarna el orden natural de las cosas. Se
basa en particular en una relación entre el hombre y la mujer que reprime la
sexualidad, especialmente la sexualidad de la mujer" (Women and Revolution,
p. 80 apud "La Ideología de Género" Comisión ad hoc de la mujer, CEAL,
CEP).
Alison Jagger completa ese
pensamiento: "El final de la familia biológica eliminará también la necesidad
de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las
relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como
opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal; en vez de esto,
hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la
misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan
un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su
sexualidad polimorfamente perversa natural" ["Political Philosophies of
Womens Liberation", Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co.,
Totowa, New Jersey, 1977, p. 13.]
CONSENSO, SUBJETIVISMO Y LEY
SUPERIOR
No falta quien busca imponer una
nueva sociedad basándose en la premisa filosófica falsa de que no existen normas
objetivas de moral, y que el comportamiento humano depende de la opción personal
de cada uno. Aprovechemos esta ocasión para aclarar también este concepto.
Sentido distorsionado de
democracia.- De la afirmación correcta de que el hombre debe actuar de
acuerdo con su conciencia, se extrae un distorsionado sentido democrático
por el que se dice que cada uno es libre de hacer la elección que quisiere, en
cualquier campo, sin ninguna limitación, ni siquiera las puestas por la
naturaleza.
En efecto, aunque de manera difusa e
inexplícita, impregna nuestra sociedad una cierta confusión entre democracia -
forma de ordenamiento político basado en la premisa, al menos teórica, de una
elección popular libre de los dirigentes - y una especie de democracia
como norma del pensar y del actuar humanos.
Así se transpone arteramente el
principio de supremacía de la voluntad de la mayoría al plano moral e
intelectual: el bien y el mal, lo cierto y lo erróneo, lo bello y lo feo, todo
dependería de la voluntad popular, manifestada por medios electorales o
sondeos de opinión. Y, conforme sucede en el plano político, todos deberían
someterse a la voluntad popular de esta manera manifestada, aunque discordando
en su fuero íntimo.
Sería la suma de las voluntades
individuales la que determinaría la ley moral y, cuando esa voluntad fuese
manifestada colectivamente, tendría el derecho de imponerse a los
demás.
Si bien puede impresionar a primera
vista, esa argumentación es falaz.
El Supremo Legislador.- Si
acaso no hubiese una ley moral inscripta en la naturaleza humana, presente a su
conciencia, las leyes externas, prohibiendo o permitiendo algo, no tendrían una
consonancia interna, no tocarían lo íntimo del hombre. De ese modo, la ley sería
una imposición puramente exterior, cuya obediencia dependería únicamente del
empleo de la fuerza coercitiva de la autoridad.
Por otro lado, una ley que no
encontrase base en la naturaleza racional del hombre sería totalmente
arbitraria, fruto de la fantasía o del capricho del legislador. Por lo tanto, no
sería verdadera ley y no obligaría en conciencia.
Agréguese a esto que una ley que
procediese puramente de la voluntad humana, no tendría cómo imponerse a los
demás porque, desde el punto de vista natural, tanto vale la voluntad de uno
como la de otro; no existe un hombre cuya voluntad sea de naturaleza superior a
las de los otros. Por lo tanto, esa ley no tendría cómo obligar en conciencia a
los demás hombres.
Luego, para que una ley obligue en
conciencia a todos los hombres, es necesario que proceda en su raíz primera y
tenga como garantía última un supremo legislador, cuya voluntad sea superior a
la voluntad humana.
Esa voluntad superior sólo puede ser
la voluntad divina, pues solamente ella está por encima de todas las demás
voluntades y se enuncia tanto en leyes positivas, o sea, leyes establecidas por
Dios y contenidas en la Revelación, como en la ley natural, expresada en la
propia obra de la Creación. Sería un absurdo que, en un universo totalmente
ordenado y guiado por leyes sapienciales accesibles a la mente humana, sólo el
hombre - ser dotado de razón - careciese de un fin y leyes ordenadoras conformes
con su naturaleza para guiarlo; o que no pudiese fácilmente conocer esas
leyes.
Basta un instante de reflexión para
verificar que ello no ocurre y que también el hombre está sujeto a esa suprema
ordenación y dirección de todas las cosas.
La Ley Natural.- Como su
propio nombre lo indica, la ley natural es aquella que proviene de la naturaleza
de las cosas y que es conocida por nosotros por la luz de la mera razón, sin
necesidad de una especial revelación divina, pues ya fue grabada por Dios en el
fondo del corazón de los hombres, como dice San Pablo, en la constitución de la
naturaleza humana.
Por estar basada en la propia
naturaleza humana, la cual, evidentemente, es la misma para todos los
individuos, en todas partes y en todos los tiempos, la Ley Natural es universal,
es decir, se aplica en todas partes, para todos los hombres; también es
inmutable, no puede cambiar con el paso del tiempo; y no es dispensable, o sea,
nadie está dispensado de su observancia; por fin, es perceptible y cognoscible
por los hombres, puede ser percibida y entendida por todos los que alcanzaron el
uso de la razón.
La existencia de esa ley nos la
apunta nuestra conciencia, la cual declara que ciertas acciones son buenas y
otras malas; y también el testimonio de todos los pueblos, que son unánimes en
hacer la distinción entre el bien y el mal. Aunque a veces puedan equivocarse en
su aplicación, aún los pueblos más primitivos atestiguan la existencia de
principios generales y universales, tales como: "Es necesario amar al supremo
bien"; "El bien debe ser hecho, el mal debe ser evitado"; "No hagas a los otros
aquello que no quieres que te hagan"; "Vive conforme la recta razón". De estos
derivan los demás principios: respeto a los padres, prohibición del homicidio y
del robo, del adulterio y del incesto, de la mentira y de la calumnia, en fin
todos los demás preceptos del Decálogo (salvo el tercero, sobre la santificación
del Sabath, que es de ley divino- positiva).
No puede argumentarse que se trata
de "valores confesionales" en sí, pues tales exigencias éticas pertenecen a la
ley moral natural y están radicadas en el ser humano. Éstas no exigen de suyo en
quien las defiende una profesión de fe cristiana, si bien la doctrina de la
Iglesia las confirma y tutela, siempre y en todas partes.
Además recordamos que una concepción
del pluralismo en clave de relativismo moral es nociva para la misma vida de una
democracia, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos, o
sea, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida
social, no son "negociables". Si se pretende avanzar por medio de
consensos, el consenso mínimo y previo reside en el reconocimiento de la
ley natural.
EL CONGRESO PUEDE SER CAMPO DE MANIOBRAS DE MINORÍAS
Sin un análisis mucho más
pormenorizado y profundo de todo cuanto esta expuesto, el Congreso de la Nación
puede verse dominado por las maniobras psico-sociales de minorías que se
organizaron en el siglo pasado, culturalmente subversivas en grados
diversos.
Nos referimos tan sólo a cinco de sus exponentes:
1 ) Las técnicas del activista Harry
Hay quien en 1948, desde Hollywood, combinó la dialéctica marxista del Partido
Comunista a su homosexualidad, para crear el concepto de minoría cultural
oprimida por la mayoría heterosexual dominante;
2 ) El trabajo "Comportamiento
Sexual Masculino", también de 1948, del zoólogo homosexual Alfred Kinsey,
tenido como imaginario, dirigido ideológicamente, desorientador, y hoy desechado
frontalmente por la Justicia;
3 ) La resolución de la Asociación
Psiquiátrica Americana considerando que la homosexualidad no era un disturbio,
posición hoy día rebatida por su mismo propugnador, el Dr. Robert L. Spitzer;
4 ) Publicitariamente propuesto como
uno de los máximos especialistas mundiales en sexualidad, el Dr. John Money, un
psicólogo neozelandés, fue creador, adalid científico -y al mismo tiempo
político- del concepto de género (o de identidad sexual genérica), teoría
según la cual la orientación sexual no obedece a la determinación genética sino
a la psicosocial o cultural. Ya en 1955 sostenía que "la sexualidad es
psicológicamente indiferenciada en el momento de nacer y que se vuelve
diferenciada como masculina o femenina en el curso de las variadas experiencias
del desarrollo". Así llegó a propulsar el 1° de junio de 1965, en el
hospital John Hopkins, la primera de las miles de intervenciones quirúrgicas de
"reasignacion de sexo", y alentar el apasionado debate "Nature vs.
Culture" (Naturaleza vs. Cultura). Ya fue alejado de sus posiciones en el
John Hopkins, desacreditado de una manera inapelable, moral y
científicamente, como psicópata talentoso, perverso sexual y
mentiroso;
5 ) De interés especial para quien
desee evitar ser manipulado, es el libro After the Ball: How America Will
Conquer its Fear & Hatred of Gays in the ´90 (Después del Baile: Como
los Estados Unidos Van a Superar su Miedos y Odios a los Homosexuales en los
´90), elaborado por el neuropsiquiatra Marshall Kirk y el perito en tácticas de
persuasión pública y estrategias sociales de mercado Hunter Madsen, quienes
montan estrategias para inducir la aceptación de nuevas variables de
normalidad... en materia de conducta sexual.
RESPONSABILIDAD DEL LEGISLADOR
La aprobación de estos Proyectos
significaría la aprobación -como comportamiento público, legalmente previsto,
aprobado y convertido en instituciones del ordenamiento jurídico- de desvíos que
acarrean la desintegración de la célula fundamental de la sociedad, la
familia.
¿Qué puede ser más grave -y también
de alcance más vasto y profundo- que introducir en la mentalidad infanto-juvenil
modificaciones contrarias al bien común de toda la organización social?
No es necesario recordar a Senadores
y Diputados que las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del
hombre en sociedad, para bien o para mal, desempeñando un papel muy importante y
a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas
costumbres.
Las
formas de vida y los modelos expresados a través de la Educación y en la Ley no
solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a ofuscar en
las nuevas generaciones la comprensión y la valoración de los comportamientos, y
la percepción de algunos valores morales fundamentales.
CONFLICTO CON LA SOCIEDAD
En momentos en que el país continúa
convulsionado y sumergido en una de las mayores crisis de su Historia, la Cámara
de Diputados, el Senado de la Nación -y la Legislatura porteña- precipitan
resoluciones, desde una determinada orientación ideológica subjetiva, en una
materia cuya profundidad y consecuencias parecen haber sido cuidadosamente
omitidas durante la campaña electoral.
No está de más insistir en que las
leyes positivas que regulan las relaciones entre los hombres y de éstos con el
Estado, deben estar acordes a los derechos que todo hombre posee por naturaleza
y en virtud de su dignidad de criatura humana , y no obedecer a opciones
subjetivas de quienes gozan de poderes en la sociedad o de los que obtienen
transitoriamente el consenso de la mayoría.
Además, constituiría un atentado a
uno de los requisitos fundamentales para la autenticidad de un sistema
representativo: la clara definición y amplia difusión del programa de los
candidatos con respecto, en este caso, a los derechos de la persona humana y de
la familia.
GRAVE CUESTIÓN DE CONCIENCIA
"Todos los hombres de buena
voluntad que quieran habitar el suelo argentino", en el cumplimento de las
obligaciones como progenitores se podrán ver en la contingencia de prohibir a
las escuelas la corrupción de sus hijos y, como ciudadanos, de oponerse
empeñadamente a este adoctrinamiento.
Para los católicos, por sus deberes
como bautizados, la posición desde siempre es firme y clara. La más reciente
referencia del Magisterio al respecto es del 20 de este mes de noviembre de
2004.
Al recibir al Pontificio Consejo
para la Familia, reunido en Roma, el Santo Padre enseña: "Quien destruye este
tejido de la convivencia humana, no respetando la identidad y alterando sus
finalidades, causa una herida profunda a la sociedad y provoca daños a menudo
irreparables. A justo título, por lo tanto, os proponéis reflexionar sobre los
varios aspectos que atañen a la familia, sea a nivel nacional como
internacional. También en este campo la Iglesia no puede apartarse de la norma
enunciada por el Apóstol Pedro: "Es preciso obedecer a Dios antes que a los
hombres" (Hechos 5, 29)".
La
conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio
voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley
particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos
fundamentales de la fe y la moral.
Cuando la acción política tiene que
ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso
alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de
responsabilidad. (cfr. Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas
al compromiso y la conducta de los Católicos en la vida política, Congregación
para la Doctrina de la Fe, 24 XI 2002).
LLAMADO A UNA SERENA Y RESPONSABLE
REFLEXIÓN
¿Están previendo los legisladores
el conflicto que la puesta en práctica de esta Educación Sexual podrá
detonar?
La familia, reconocida como célula
fundamental de la sociedad y modelo ideal de las relaciones sociales, es la
sociedad primordial, y en cierto sentido soberana, donde particularmente se
plasma el rostro de un pueblo y sus miembros adquieren las enseñanzas
fundamentales.
Alterar la continuidad de la
familia, por la substitución de su concepto en la mente de los niños y
adolescentes, es crear otro país, otro mundo.
Esa es, nada menos, la
responsabilidad que se encuentra debajo de una legislación aparentemente urgida
y apenas preocupada por las epidemias de enfermedades venéreas y la
desorientación de las madres adolescentes
.A pocos días de la solemnidad del
Nacimiento del Redentor, llamamos a los Legisladores a considerar empeñadamente
sus propias familias y todas las familias argentinas, que se reunirán al
benéfico influjo de la Sagrada Familia, la de San José, María Santísima y el
Niño Jesús.
Que en esa Noche, tan bien llamada
Noche de Paz y Noche de Amor, podamos agradecer vivir en una
tierra en la que la patria potestad está resguardada, la pureza preservada, y
los niños crezcan en gracia y sabiduría, delante de Dios y de los
hombres.
Es el pedido de los adherentes de
ACCIÓN FAMILIA, una iniciativa
de la Fundación Argentina del Mañana.