| Buenos
Aires, 8 de Julio de 2003
Al señor Jefe de Gobierno de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Dr. Aníbal Ibarra
S
/ D
Asunto: Eutanasia Intrauterina
Su VETO
Señor Jefe de Gobierno,
Nos
dirigimos al señor Jefe del Gobierno de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires por ser quien —
en virtud del artículo 87° de la Constitución
de la Ciudad de Buenos Aires— tiene en sus manos
detener la arbitraria imposición a la población
porteña de particulares critérios ideológicos.
En
efecto, excediéndose en sus competencias, ciudadanos
de la ciudad erigidos en legisladores han sancionado la
eutanasia intrauterina. Atestiguada una "evolución
inexorable hacia la muerte" —de la cual no
escapa ningun ser humano— la ley transmuta el diagnóstico
en sentencia de muerte artificialmente anticipada, cuya
ejecución determina.
Bien
sabe usted que los derechos inalienables de la persona
deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad
civil y de la autoridad política. Estos derechos
no están subordinados ni a la discrecionalidad
de los individuos ni a la de los padres, y tampoco son
una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen
a la naturaleza humana y son inherentes a la persona.
Somos
personas antes de ser ciudadanos, señor Jefe del
Gobierno. Nuestros derechos como humanos son, por tanto,
anteriores a la capacidad legislativa de los legisladores
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Todo
esto basta y sobra, pero queremos recordar que la anticipación
artificial de la muerte, por determinación del
Estado, constituye sin lugar a dudas un homicidio.
El
Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de la
Alemania nazi promulgó en 1933 la ley para la prevención
de las enfermedades congénitas, que autorizaba
la esterilización arbitraria de quienes las padecían.
Poco a poco los nazis fueron ampliando la definición
de esas enfermedades y, disminuida así la sensibilidad
pública, se le sumó la ley de eutanasia...
Dicha
ley autorizó a matar a los psicóticos graves
e incurables pero, tal como sucedió con el programa
de esterilización, también poco a poco fué
ampliándose para abarcar a los veteranos inválidos
de la Primera Guerra, a los niños que sufrían
eneuresis, a los ancianos sanos, a los presos políticos,
a los calificados por el Estado como "miembros de
razas inferiores"... hasta incluír en el extermínio
todos los "no deseados".
El
siglo pasado, desde el socialismo sueco hasta el socialismo
soviético o camboyano, abunda en pavorosos antecedentes
historicos, Es lo que inexorablemente sucede cuando se
impone la idea de la precedencia de la sociedad por encima
de la persona.
Ya
avanzamos demasiado por ese infausto camino. Desde hace
décadas la institución familiar no ve asegurada,
asistida y honrada por la sociedad su constitución
y estabilidad; el Estado se inmiscuye en la educación
de los hijos; viola el derecho de propiedad con exaciones
impositivas confiscatorias, brutales diluciones patrimoniales,
explosivos endeudamientos y delirantes despilfarros; sin
contar con el desprecio de la libertad de iniciativa ejerciendo
actividades que no corresponden al Gobierno sino a los
particulares.
En
el proceso de acostumbramiento al atropello de nuestros
derechos, ¿le toca ahora a la libertad y a la vida?.
No
está de más insistir en que los derechos
de la criatura humana deben referirse a lo que el hombre
es por naturaleza y en virtud de su dignidad, y no a las
expresiones de opciones subjetivas propias de los que
gozan del poder de participar en la vida social o de los
que obtienen el consenso de la mayoría.
En
momentos en que el país continúa convulsionado
y sumergido en una de las mayores crisis de su Historia,
la Legislatura porteña ha sancionado, con una determinada
orientación ideológica subjetiva, en materia
cuya profundidad y consecuencias parecen haber sido cuidadosamente
omitidos durante la campaña electoral.
Otra
vez estamos en plena campaña electoral, en la que
usted mismo es candidato a la re-elección.
¿Acaso
mentiría alguien si opinase, por ejemplo, que los
diputados Altamira, Baltroc, Bisutti, Campos, Caram, Cortina,
Costanzo, Echegaray, Finvarb, Gerch, González,
Larrosa, Latendorf, Marino, Méndez, Moscariello,
Nieto Suanno, Oyhanarte, Peduto, Pierini, Puy, Ripoll,
Rodríguez, Serio, Yelicic y Maiorkevich, no reconocen
derechos fundamentales de la persona humana, al excluir
de ellos las víctimas de eutanasia intrauterina?
¿Y qué se podría conjeturar acerca
de quien promulgase tal ley?
Para
evitar que esto se constituya, además, en atentado
a uno de los requisitos fundamentales para la autenticidad
de un sistema representativo, se hace imprescindible la
definición programática clara y difundida
de los candidatos con relación nada menos que a
su disposición de respetar los derechos de la persona
humana.
Así,
ante la gravedad de la materia y la oportunidad política
del tema, PETICIONAMOS , en conformidad con el Artículo
87° de la Constitución, el VETO de la ley que
dispone la eutanasia intrauterina en la Capital Federal.
Dios
guarde al señor Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires
| Martín
Jorge Viano
Secretario de RR II |
Juan
Carlos Voiseau y Jardón
Presidente |
|