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Ante las proximas elecciones, un pedido de definición a los candidatos:
El Aborto, matanza de inocentes
Indiferencia ante una campaña electoral vacía de ideas

La actual (1999) campaña política se ha caracterizado por un asombroso y monótono vacío de ideas.
Los candidatos destacan sus nombres y el de los partidos o alianzas a los que pertenecen. En los afiches o anuncios de televisión sobresalen frases genéricas, con una calculada carga emocional y desprovistas de todo contenido o compromiso definido.
En la mayoría de los casos, el argumento más importante esgrimido para decidir al elector es la fotografía de los candidatos, los cuales muestran la fisonomía y la indumentaria que cada uno juzga con mayor capacidad de despertar simpatías.
Todos cuidan la "imagen", rehuyen el debate serio y en general evitan pronunciarse sobre determinados temas que puedan herir la "sensibilidad" del electorado. De esa forma son puestos al margen asuntos de trascendental importancia y actualidad, como la matanza de inocentes promovida por el aborto.
No puede sorprender, entonces, que "tras 16 anos de vida democrática ininterrumpida, la Argentina transcurre los últimos días de la campaña proselitista que más indiferencia ha provocado en la ciudadanía" ("La Nación", 26-9-99). Indiferencia que es sintomática expresión de rechazo a una campaña electoral que no se caracterizó por diálogos de alto nivel, ni por substanciosas y brillantes polémicas sobre ideas y programas opuestos, sino que, por el contrario, abunda en "golpes de efecto" mediáticos y degenera a menudo en acusaciones y agravios personales.
Es lo que explica que, a pocas semanas de las elecciones, sean incontables los argentinos que se pregunten con perplejidad cómo resolver la alternativa de votar "en contra de alguien" o para "evitar al peor" porque, en rigor, no se sienten identificados auténticamente con ninguna de las candidaturas propuestas por los partidos políticos.

Garantías para la vida humana desde la concepción: un tema prohibido

La fugaz y poco feliz discusión sobre el abordo no fue una excepción al clima general de la campaña electoral ya descripto.
Prueba de ello es que, a pesar de todo cuanto se habló del tema, ninguno de los partidos políticos ha dado a conocer, con toda honestidad, su postura oficial ante el aborto. En realidad, con relación a la despenalización del aborto, los candidatos fueron tímidos, cautelosos, esquivos, contradictorios, cuando era indispensable que se definieran en favor o en contra de dicha medida de un modo claro.
Esta definición es especialmente necesaria en momentos en que en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires cuatro diputadas de la Alianza han presentado un proyecto mal llamado "Ley de Salud Reproductiva y Procreación Responsable", el cual propicia métodos abortivos para controlar la natalidad.
La gravedad de lo que está en juego -nada menos que la vida del inocente en el seno materno desde la concepción- evidentemente exige que a los electores se les den auténticas garantías que consten en tos programas de los candidatos y no vagas promesas electoralistas sin valor alguno.
Sin embargo, cuando hablaron del aborto, los candidatos lo hicieron inhibidos por el miedo o el oportunismo. No hubo exposiciones o debates de gran envergadura en los que demostraran solidez, lógica o erudición.
Los medios de comunicación rápidamente sepultaron el tema r hubo quien afirmara que ello demostraba la "buena suerte" del Dr. Fernando De la Rúa que, de ese modo, había evitado se agravaran inoportunamente las divisiones internas en la Alianza.

El aborto, sancionado con la excomunión

Ahora bien, la posibilidad de que futuros gobernantes impulsen o se abstengan ante los intentos de introducir en nuestro país la despenalización, el aborto, coloca a los católicos ante un gravísimo problema de conciencia.
En efecto, revestido de la autoridad que "Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos", el Papa, Juan Pablo II enseña que "el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave", que "ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito", por , ser "contrario a la Ley de Dios" y estar "escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón proclamada por la Iglesia" (Cf. "Evangelium Vitae", 62). I De acuerdo al Código de Derecho Canónico "quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión Iatae sententiae, es decir, automática". La excomunión "afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices "sin la cooperación el delito no se hubiera producido (d. lb. ld. r canon 1398). "
En consecuencia, para ser coherentes con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, los católicos no pueden votar en favor de candidatos que incluyan en sus consignas la despenalización del aborto. Y deben exigirles el compromiso de que, si resultaran electos, no promoverán, directa o indirectamente, la aprobación de ley alguna en ese sentido.

No es lícito encubrir cuestiones morales graves por intereses políticos

Algunos candidatos afirman, en forma inconsistente, su posición personal contraria al aborto, aún cuando son conscientes de que en el seno de sus partidos o alianzas hay otros candidatos y corrientes claradamente favorables a su despenalización.
La pregunta que se impone, entonces, es qué harán si conquistan el poder: seguirán sustentando su "posición personal" o se verán obligados a adoptar la de su Partido o Alianza? Tienen convicciones firmes en esa materia o se someterán a los sinuosos rombos de los intereses políticos y las consignas ideológicas? Son interrogantes que los electores tienen derecho a ver respondidos antes de decidirse.
Otros candidatos eluden olímpicamente la cuestión y entran en contradicción consigo mismos en su afán de no perder votos.
Es el caso, por ejemplo, de la Sra. Graciela Fernández Meijide quien en 1994 presentó, conjuntamente con la ex-diputada Patricia Bullrich, un proyecto de ley para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo después de las primeras doce semanas y eximir de toda pena a la mujer que causare o consintiera su propio aborto (Trámite Parlamentario 140/ 94). Sin embargo, con el pretexto de no "politizar" el tema durante la campaña electoral, pretende que la opinión pública olvide ese "detalle", al menos momentáneamente...
En razón de lo anterior, es indispensable que los argentinos proclamemos que a nadie le es lícito encubrir cuestiones morales de la gravedad de la que estamos comentando para asegurar intereses políticos. Además, debemos informarnos con toda exactitud sobre las verdaderas ideas de los candidatos y no dejarnos influir por golpes publicitarios cuidadosamente calculados para alcanzar determinados efectos electoralistas.

¿Vana apariencia de democracia?

Según los cánones democráticos que rigen nuestra vida política, los ciudadanos eligen a sus representantes, quienes elaboran las leyes y dirigen el Estado de acuerdo a las intenciones del electorado.
En otras palabras, la relación entre el elector y el candidato por él sufragado es, esencialmente, la existente entre el mandante y el apoderado. El elector otorga al candidato de su preferencia un poder para que ejerza determinado cargo, de acuerdo al programa que, normalmente, debe ser conocido durante la campaña electoral. Programa que se supone fuera Ieído previamente por el elector y cuyo contenido ratifica al emitir su voto.
Una vez elegido, el detentor del cargo es simplemente un apoderado del elector. Es el ejecutor de su voluntad. Podrá ser un apoderado fiel si actúa de acuerdo al programa con el cual se presentó a las urnas. y será infiel en el caso que se desinterese del mismo. O, peor aún, si se manifiesta o vota contra el programa en relación al cual asumió un compromiso de fidelidad con su electorado.
Si la democracia es el gobierno del pueblo, sólo lo será auténticamente cuando los candidatos actúen en coherencia con las propuestas para cuya ejecución fueron elegidos.
Si ello no ocurriera, la democracia será una vana apariencia o simplemente un fraude.

Inautenticidad de una contienda electoral sin ideas

A hora bien, a propósito de la vida indefensa en el seno materno ha quedado demostrado que los candidatos, en general, evitaron compromisos definidos con el electorado.
La brevedad que nos hemos impuesto nos impide desarrollar, por otra parte, otros temas de relevancia que tampoco están siendo objeto de análisis en esta campaña electoral que, repetimos, "se caracterizó por Ia ausencia de ideas" ("La Nación", 24-9-99).
A nuestro entender, nada justifica esta omisión. Pues, más allá de consideraciones partidarias, los candidatos deben explicar con claridad a los electores cuál es su programa de gobierno en temas fundamentales para el porvenir de la Nación.
Sólo así los argentinos podremos votar responsablemente, con conocimiento de causa y sin quedar expuestos a sorpresas y aventuras que conduzcan a la Argentina hacia rumbos que el país no desea. De lo contrario, los candidatos elegidos carecerán de representatividad para ejecutar proyectos o promover la aprobación de leyes que no constaban en sus plataformas políticas y eran desconocidas por la inmensa mayoría del electorado.
Que la Virgen de Luján, a cuyos pies el Centro Cultural Reconquista deposita estas reflexiones, oiga con misericordia y bondad nuestra súplica conmovida y confiante: ¡Reina y Patrona de la Argentina, salvad a nuestra Patria!
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