25 de marzo de 2008:
visión panorámica de unión y de separación.
Vista desde el cielo en la tarde del 25 de marzo, la Argentina ofrecía a los ángeles una panorámica de unión y de separación.
La Basílica del Pilar desbordando de fieles de todas la edades y condiciones sociales, primando los jóvenes, y con la aprobación del Cardenal Arzobispo y la Bendición Apostólica de Su Santidad, unidos rosario en mano y arrodillados ante el Santísimo Sacramento expuesto, pedían el respeto a la vida del niño por nacer, pedían inclusive por la mujer tentada de abortar, por las autoridades que pretenden implantar el homicidio pre-natal, recordando la enseñanza de la Madre Teresa: “Si quieres la paz, defiende la vida”.
En la parroquia de San Ignacio de Loyola, se entronizaba una imagen de Santa Gianna Beretta; en Neuquén, el Diputado Hugo Acuña presentaba un proyecto para “sancionar con fuerza de ley” esta fecha como el Día del Niño por Nacer y, en Paraná, el arzobispo celebraba una misa especial, el centro Grávida lanzó una campaña de apoyo a las madres necesitadas y la Pastoral Familiar, una campaña de concientización en los colegios. Y así a lo largo y ancho de nuestra tierra.
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Mientras, a la misma hora, un discurso presidencial frío y duro, con visiones parcializadas, prejuicios e ideologías de cuarenta años atrás, incitaba a unos argentinos contra otros.
Al terminar el Rosario por la Vida y comenzar la habitual Misa de las 19:30 se empezó a escuchar en la iglesia del Pilar una creciente batahola. Era la gente que espontáneamente salía a las calles en un cacerolazo de respaldo masivo al campo argentino. Quien en la ciudad de Buenos Aires le tocó andar por la avenida Honorio Pueyrredón, seguir por Juan B. Justo y bajar toda Paraguay, podrá decir si era apenas “Recoleta y Barrio Norte”...
Fue en todo el país, en pueblos y localidades de todas las dimensiones, un fenómeno pocas veces visto: ciudad y campo unidos súbitamente, en defensa de lo ajeno y de lo propio, de la prosperidad, del futuro. Y continúa.
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Poco después los ángeles verían también en Buenos Aires y Rosario, escuadras de milicianos para-estatales embestir violentamente contra quienes enarbolaban banderas argentinas y sonoras cacerolas... mantenerse firmes durante más de media hora, y retirarse ante el frenesí de los brutales. Y al Ángel de la Guarda de nuestra Argentina, pedir auxilio a la Reina y Señora de Luján. Sumémonos a su súplica.
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